Un hombre y su hijo se reencuentran después de veinticuatro años de separación La emoción paralizó los sentidos de José Sexto cuando al otro lado del hilo telefónico escuchó la frase más anhelada: «Hola papá, ¿me conoces?». Era el primer contacto con su único hijo después de 24 años de separación. Noel, curiosamente de apellido Sesto por un error en el registro civil, llamaba desde Australia a su progenitor, empresario en Menorca. Esto sucedía un día del pasado mes de julio y suponía el fin de una mutua búsqueda intercontinental. Y también el primer paso hacia el reencuentro soñado. Padre e hijo se fundieron en un abrazo, incapaces de articular ni una sola palabra, el último 28 de diciembre. No, no era una inocentada. Ambos lo sabían y lo celebraron con un güisqui, el primero de Noel, en la isla balear.
12 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La historia de José y Noel tiene más similitudes con un guión de cine que con la vida real. Sólo muy de cuando en vez se conocen casos como el suyo, y menos dramas familiares con un final feliz. José Sexto, nacido en Santiso y betanceiro de adopción, emigró a Inglaterra. Allí conoció a Jane, con quien se casó. Él tenía 20 años, ella 18. A los dos años del matrimonio nació Noel. Pero surgieron problemas en la pareja, que acabó por separarse cuando el pequeño tenía dieciocho meses. El padre vio al niño por última vez en las vísperas del segundo cumpleaños de Noel, para entregarle un regalo. Corría el año 1977 y José Sexto ya había decidido regresar a España, concretamente, a Benidorm. En esta localidad alicantina trabajó en el hotel Las Garzas, de la compañía Rumasa, en el que veraneaba Christine Beer, una inglesa que acabó siendo la esposa de José, cuya vida parece estar marcada por las islas. Tras ocho años en Benidorm, este brigantino se estableció en Menorca y comenzó, ya de forma intensa la infructuosa búsqueda de su hijo, que para entonces vivía en Australia con su madre. Los abuelos maternos Cuando en 1992 José Sexto quiso establecer contacto en Inglaterra con los abuelos maternos del pequeño para que le diesen su dirección llegó tarde. Se habían ido a Irlanda, su tierra natal, por motivos de salud. Noel tenía seis años en el momento de emigrar con Jane a Australia y hasta ahora ha permanecido allí. El joven, que pronto cumplirá 26 abriles, buscaba a su progenitor sin saber muy bien por dónde empezar. El padre intentaba lo mismo, pero sin apenas esperanzas. Sólo tenía una corazonada: «Siempre pensé que Noel haría algo por encontrarme», comenta. El error en el apellido dificultó las investigaciones del joven. El panorama era muy oscuro, casi negro. De pronto intervino Jane y se hizo la luz, se abrió el camino que conducía al reencuentro.