La escasez de pescado en la rula coruñesa incide en el encarecimiento de las piezas que se subastan Suena la sirena y comienza el jaleo de ventas. «¡Merluza, pescadilla!», al lado «¡Percebe da Costa da Morte!». Frases como éstas, lanzadas a voz en grito, sirven para congregar compradores en torno a las cajas del pescado que se vende en la lonja. Una vez que el número de gente es importante el subastador da inicio a su tarea, cuando llega a una cifra apetecible alguien grita «mío» y se le adjudica. A continuación se pesa, se prepara con hielo el pescado y su próximo destino serán las «patelas» de las plazas.
30 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.La falta de pescado en el mar se deja notar en la lonja de A Coruña. Muchos aseguran que cada vez las capturas son menores y que esto incide en que la cantidad de producto que sale a la venta se vaya reduciendo. Todo redunda en un encarecimiento notable de la mercancía. Algunos apuntan que este sistema de ventas acabará por desaparecer. Este es el caso de Antonio Díaz, que trabaja como exportador, y que se muestra crítico con el funcionamiento de este singular mercado. «Cada día hay menos pescado y más caros. Además el ruido atronador, parece una sala de fiestas, está fatal organizado todo. Sabemos que es ilegal vender antes de la subasta pero a la gente le da igual y los compradores de las grandes superficies tienen preferencia en la compra», apunta. Comienza el trabajo A las 6.45 de la mañana todo está preparado en la lonja de camiones para empezar a vender. Las supervisoras de los barcos exponen la mercancía. Ana María Varela es una de ellas, «algunas pesamos el pescado antes de la subasta para que el que quiera algo se lleve la caja completa. Otras lo pesan después, cuando los compradores han elegido lo que se quieren llevar de cada lote». En el recinto cada uno tiene un puesto determinado, hay gente que se dedica de forma exclusiva a la subasta y al cobro. Pertenecen a empresas que no tienen nada que ver con los barcos. «Los clientes eligen a los vendedores y recaudadores que prefieren», dice la cobradora Mélody Cortés. Cuando termina la venta la sirena vuelve a sonar para indicar el final y es el momento de trasladarse a otras de las lonjas del puerto para empezar allí de nuevo con este original sistema. Normativa Prohibido comer, beber, fumar y escupir. Estas normas podrían confundirse con las de cualquier autobús de línea, pero no. Son las directrices que imperan en la lonja y todo aquel que acude al recinto debe acatarlas. No es raro que algún turista despistado y con el sueño propio de tan tempranas horas entre en las instalaciones tomando un bollo para mitigar el hambre matutina. Enseguida se encuentra con las miradas reprobatorias de los habituales del lugar y las indicaciones de que lea el cartel donde aparecen las indicaciones a seguir. Todo esto se debe al respeto por la higiene que se hace obligatoria en la manipulación de alimentos. Por eso, no se pueden pisar las cajas donde se almacenan pescado y marisco y tampoco es lícito volcar los recipientes. Esto último además de acarrear malas miradas puede suponer alguna indicación más explícita, incluso por vía manual, de los vendedores. Desde hace unos meses, está prohibido el uso de lonas para cubrir las cajas debido a que, en muchos casos, estas no cumplían las condiciones de mantenimiento y eran un importante foco de infección.