Las humedades, producidas por su enclave, hicieron estragos en la zona noble del recinto centenario Disfrutar de primera línea de ría tiene sus inconvenientes, inclemencias meteorológicas incluídas. Al corazón de Mariñán le brotaron humedades y llegaron tiempos de andamios y clausura. El relente se promociona sin compasión y las leyes físicas son inamovibles. Tras siete meses de entrega laboral, el pazo estrena imagen y maderas nobles. Atrás quedan épocas de moqueta y paredes desconchadas. La silueta del recinto se acomoda a su prestigio y la Diputación responde al mecenazgo.
23 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.La climatología no conoce de arquitectura y sentimientos. Ni siquiera Mariñán esta libre de fisuras. Ayer se entornaban de nuevo las puertas del pazo, con la sombra de siete meses de trabajo en las alforjas. La humedad se desentiende en nombres y apellidos. El recinto se levanta al filo de la ría betanceira, en Bergondo, y desde el siglo XVIII la borrasca se toma sus licencias. En enero de 2000, el caminante desterró de su agenda la zona noble y salones del mítico pazo, a expensas de una puesta a punto minuciosa. Humedades y muro exterior El asunto no era sólo materia de lluvia y agua salobre. «Además del gran problema con las humedades, existían ciertos detalles que no transmitían armonía con la categoría del lugar», relata Ernesto Sánchez Ovejero, gerente del Pazo de Mariñán. Y con la rehabilitación, el mármol floreció en los excusados y la moqueta legó su espacio a maderas nobles, iluminación de diseño y calefacción bajo las ventanas, donde el invierno más aprieta. Sin embargo, las perspectivas para el recinto son ambiciosas, sin pausa ni prisa. «Un espacio como éste nunca se termina. El año que viene habrá nuevas obras. Hay que cambiar tapicerías, remodelar escaleras y retocar cortinajes. Es verdad que se ha hecho mucho, pero no todo. Y yo no pienso parar. Tres mil metros construidos dan para mucho», afirma ilusionado el gerente del pazo. Otra de las asignaturas pendientes de Mariñán tenía contornos de tabique. La muralla exterior que circunda los 172.000 metros cuadrados de finca tenía sus paréntesis. Estructuras de setos y barreras metálicas que deslucían el prestigio del recinto. Pedrería autóctona El próximo día 30, el pazo estrena cordón umbilical en pedrería autóctona gallega, a salvo de forasteros, alpinistas y corzos. El Pazo de Mariñán no sólo cultiva la vertiente museística. Entre su oferta pública, se configura como enclave ideal para congresos, con pensión completa y dormitorio. Bajo sus techos han disertado el Poder Judicial y Reales Academias. «Basta con cursar solicitud a la Diputación, a excepción de bodas y bautizos, que ésto es un centro de estudios», sonríe Ernesto Sánchez.