El antidivo cantó en A Coruña

RUBÉN VENTUREIRA A CORUÑA

A CORUÑA

Bajó del tren tras catorce horas de viaje. Media hora después, estaba sobre el escenario del Mardigrass. Se marcó un soberbio recital, jugó un partidillo de frontón callejero y, dos horas después, tomó rumbo a Santander: «Es que tengo que ir a ver la Davis», se disculpó el músico norteamericano que en la madrugada del viernes desgranó su repertorio en la sala coruñesa. Probablemente, volverá: «No he podido ver el sitio donde pintó Picasso», lamentaba este antidivo. De perfil tiene un aire con el deportivista Manuel Pablo. De frente, es clavado a Robert Carlyle, el de Full Monty. Rostro peculiar, como su vestimenta: bombachos, camiseta y botas, más propias de un peregrino que de un músico. Bern llegó a la Estación de San Cristóbal a la hora en que, en teoría, comenzaba el concierto. Sin cenar, se plantó en el escenario. ¿Exigencias?: sólo unas cuantas Pepsi. Se mostró «very contento» por estar en la ciudad «en la que el gran Piccaso realizó su primera exposición» y ofreció casi tres horas de buena música y curiosas canciones, como el tema que dedicó a «una obsoleta raqueta de tenis». Es su deporte. «Fui profesor de tenis y llegué a entrenar a un israelí que jugó la Davis», explicó. Demostró buenas maneras al final del concierto, cuando se puso a jugar al frontón contra una pared de la calle Disciplina. Viajó de madrugada para estar en Santander animando a los EE UU. Artista vitamínico Amante del arte, ex-tenista, y, sobre todo, músico soberbio, Bern es un artista vitamínico para su audiencia. Cruce entre Vic Chesnutt, Dylan y Springsteen, pone las pilas al personal, al que se le va dibujando una sonrisa a medida que se encadenan las notas. Hay músicos que atacan a la cuenta corriente, otros que golpean el estómago y los hay, como Bern, que se clavan en el corazón. El músico desgranó temas de sus tres discos y algunas nuevas canciones. Aclamado por Diego A. Manrique, el crítico musical español de más peso, Bern recorre España con su guitarra y su armónica. Repartiendo felicidad.