Cine histórico al modo antiguo

miguel anxo fernández

CULTURA

Jose Haro

«La promesa» se sirve del gran espectáculo para simplificar hechos dramáticos reales con la única intención de denunciarlos

09 jun 2017 . Actualizado a las 07:27 h.

Claro que el cine mantiene vivas entre sus capacidades las de denunciar o, simplemente, las de hacer memoria. Otra cosa son los riesgos a asumir, que van del dogmatismo a la propaganda y la manipulación del relato según convenga. O también -como en La promesa- servirse del gran espectáculo para simplificar hechos dramáticos reales con la única intención de denunciarlos, saltándose matices y detalles que habrían beneficiado el filme. Los noventa millones de dólares aportados en buena parte por el multimillonario estadounidense de origen armenio Kirk Kerkorian -fallecido en el 2015, casi centenario-, y rodaje mayoritario en España, además de Portugal y Malta, permiten a esta superproducción sumarse al modelo de los 60, el de aventuras con ingredientes históricos. Estamos en el ocaso del Imperio otomano, allá por los años 20 del siglo XX, con el genocidio del pueblo armenio a cargo de Turquía, todavía negado por este país.

En ese contexto, un brillante estudiante de medicina procedente de una aldea de Armenia y un intrépido periodista de la agencia AP coinciden en Constantinopla -entonces capital otomana y actual Estambul- y se enamoran de la misma mujer. Es entonces cuando estalla el conflicto nacionalista y los armenios se convierten en el enemigo «no declarado». Aquella peripecia amorosa se encarama al pedestal de la trama, pasando por dramáticos avatares. Terry George -cuya mayor altura profesional es Hotel Rwanda, 2004- maneja los recursos con soltura, asegurando el fin primordial de la empresa: entretener. Breves pinceladas bastan al filme para acercarnos al conflicto sin que evite caer en el maniqueísmo, pues realmente Ankara y su ejército son los malos con avaricia. Se habrían agradecido algunos aportes sobre el papel de las grandes potencias y otros intereses ocultos vinculados a la geopolítica. Pero, en fin, la película, más allá del interés personal de Kerkorian en arremeter contra el régimen turco -en el guion hay algunas referencias a su propia biografía personal, pese a haber nacido en EE.UU.-, se queda en espectáculo al modo antiguo.