La despedida de la que es ya la 37 promoción de especialistas formados por el CHUO incluyó momentos muy emotivos, como la proyección de un montaje de vídeo y fotografías realizado por los recién titulados, con momentos de convivencia compartidos por los jóvenes durante los últimos cuatro o, en algún caso, cinco años.
También escucharon la última lección. La dio Alfonso Otero, el jefe del servicio de nefrología del complejo hospitalario, que dibujó para ellos los principales retos de la medicina que a les tocará ejercer: la del siglo XXI.
Les recordó que afrontarán un período en el que la esperanza de vida de la población seguirá creciendo «y consecuentemente, aumentarán las patologías asociadas a la edad»; les habló de retos como «la necesidad de optimizar los recursos disponibles» para abarcar esas nuevas necesidades de salud y también de la «eficiencia». Pero sobre todo les habló de la importancia de las nuevas tecnologías en su profesión, de la telemedicina, del control a distancia de los pacientes crónicos, de nuevos sistemas que permitirán desde compartir información con otros profesionales a importantes avances científicos. Y les advirtió también de los peligros que esas nuevas tecnologías presentan. «Cada vez más, los pacientes acceden en Internet a contenidos no muy científicos que se acumulan en la red», señaló. Los facultativos tendrán que enfrentarse a esa tentación del enfermo de confiar más en la información virtual que en la visita al especialista médico.