Barcos con ciencia

CIENCIA

20 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

CON INSISTENCIA se publicita e informa de barcos para la ciencia, dejando sensación de ser las infraestructuras lo sustantivo. Se determinan así algunos criterios para las ciencias marinas. No les niego los tiempos de precariedad, cuando la investigación pionera se hizo en barcos comerciales. Pero esa situación, propia de los años setenta, dejó de ser un problema, al menos en lo que se refiere al número de unidades disponibles. Realidad bien diferente es su planificación, gestión y eficacia. El desarrollo de la flota investigadora ha seguido el modelo propio del desarrollo espontaneísta de la ciencia en España. Modelo al que la ley de la ciencia de 1986 pretendió poner coto en su tiempo, pero cuyos límites y objetivos han sido ampliamente desbordados actualmente. Este modelo espontáneo se observa en una planificación por pulsos, que hace coincidir en los mismos años la construcción de un gran número de barcos. Barcos que envejecerán al mismo tiempo, por lo que su renovación exigirá esfuerzos presupuestarios en las mismas anualidades. Además, dada la multipropiedad de la flota, los tamaños de construcción responden a necesidades singulares y no tienen en cuenta ni el rendimiento ni los costes operativos de cada unidad. Por último, los regímenes laborales de las tripulaciones paralizan y convierten en altamente ineficientes las inversiones en estas estructuras científicas y obligan a la externalización de su gestión. Por ello uno asiste asombrado a un sostenido crecimiento del número de barcos para la ciencia. Continúa asombrándose cuando, a pesar de lo dilatado de los problemas que la gestión de la flota oceanográfica genera a sus patronos, este crecimiento no merece la más mínima reflexión organizativa con objeto de paliar tantas ineficiencias y distorsiones, como muestra un análisis riguroso de lo sucedido los últimos treinta años. En este tiempo vendrán entregas, anuncios de concursos, botaduras y pruebas de navegación de seis o siete buques para la ciencia. Dependientes de la Administración central, es decir, dos ministerios y, claro, en ellos, tres organismos, y cofinanciados por Europa y al menos uno por el Gobierno gallego. Barcos sin hombres, ciencia sin investigadores. ¿Como siempre?