«Mi madre tuvo que pelearse con mis tíos para defenderme por seguir estudiando»

Elisa Álvarez González
ELISA ÁLVAREZ SANTIAGO

CIENCIA

ÁLVARO BALLESTEROS

Encarnación Santalla Torres, gitana licenciada en Ciencias Políticas La única posibilidad de continuar sus estudios era ponerse a trabajar. A los quince años, Encarnación Santalla llevaba la casa de una pareja de médicos con tres hijos, «y tenía que llamar a mi madre para preguntarle cómo se hacían las lentejas». Pero el tesón de esta gitana de 37 años la llevó a licenciarse en Políticas en la Universidad de Granada. Ahora hace un máster con una beca del Instituto de la Mujer. Precisa, sencilla, y sobre todo tolerante, deposita en las mujeres gitanas la responsabilidad de luchar por la integración y el acceso a la educación «porque somos nosotras las que tenemos más que ganar».

28 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El caso de Estrella, la joven gitana de 14 años que fue retirada de un instituto compostelano por sus padres, ha puesto de manifiesto la situación de muchas adolescentes de esta etnia, que son apartadas de la escuela debido a sus tradiciones. Pero romper lanzas está en manos de estas mujeres. Encarnación Santalla es una de ellas. Aun sin el apoyo de la familia, su orla de licenciada cuelga en su casa materna. Actualmente colabora con grupos de gitanos e inmigrantes. -¿Fue decisión suya continuar sus estudios? -Había sido buena en EGB. Estudié en un colegio de monjas y a mi madre le recomendaron que siguiera. En casa no había recursos, la única forma era ponerme a trabajar. Con 15 años, llevaba la casa de una pareja de médicos con tres hijos. Tenía que llamar a mi madre para preguntarle cómo se hacían las lentejas. -¿Contó con el apoyo de su familia? -Seguí estudiando porque mi círculo de amigos también lo hizo. No eran gitanas, sino chicas de clase obrera que también trabajaban. Mi padre era tolerante, pero mi madre era más reacia. La baza la gané por el hecho de que ya llevaba dinero a casa. -O sea que influyó que nadie le pusiera trabas. -No, vamos a ver. No me han prohibido estudiar, pero no he tenido el apoyo de cualquier chica de mi edad, a la que los padres insisten que estudie. Para mi familia quedaba muy lejos el tema de estar tanto tiempo en el colegio. -¿No lo veían normal? -Era desconocido. Estando en la facultad, mi madre lloraba de emoción viéndome estudiar. Decía que nunca imaginaría verme sentada cuatro días seguidos para preparar un examen. Pero creo que está muy orgullosa de mí. En su casa está mi orla y a todo el que viene se la enseña. -A otras gitanas que quieren seguir estudiando o se rodean de amigos payos las acusan de «apayarse». -Yo rompí, y he sido muy criticada. Mi madre tuvo que pelear con mis tíos y tías para defenderme. Soy la primera de la familia que fue a la universidad, y somos 50 primos. Ahora ya hay más parientes que continúan sus estudios. -Hay que abrir camino... -El modelo es fundamental, tener como referente a alguien que lo haya hecho antes. -Y sobre todo para las mujeres, que están en condiciones inferiores. -Pero eso no es exclusivo de las gitanas. Como en otros movimientos sociales, son las mujeres las que están tomando la batuta, porque son ellas las que más tienen que ganar. -La Administración hace oídos sordos cuando se trata de gitanos. -Nada debe hacerse por la fuerza. Es cuestión de negociar entre la comunidad gitana y las autoridades educativas. Entre los gitanos influye mucho la referencia, el modelo. -¿El colectivo gitano gallego difiere del andaluz? -Aquí son comunidades pequeñas y se cierran más. Hay menos permeabilidad, quieren preservar su cultura. Hay quizás más hostilidad hacia ellos. -¿Sufrió discriminación? -En el colegio te llamaban gitana cuando te peleabas con los compañeros, pero después no he vuelto a tener problemas. -¿Qué factores influyen en la integración gitana? -Hay un error político al hablar de integración. No se trata de asimilación, de que las minorías étnicas pierdan sus particularidades para integrarse en un sistema. Otra cosa es convivir, que cada grupo aporta su cultura a la sociedad. -¿Se ha avanzado mucho? -Bastante, pero los cambios sociales son lentos. En las administraciones hay ansiedad para que todo sea diferente de la noche para la mañana, pero por propia definición, los cambios sociales son lentos. Al describirle la situación de Estrella, la alumna que dejó el instituto porque su padre y su abuelo insistieron en que ninguna niña de su edad debía ir a al colegio, Encarnación refleja su decepción y dice: «Ahí está la importancia de que haya un modelo».