La villa de Laxe rindió homenaje al científico Isidro Parga Pondal en el centenario de su nacimiento Dicen que las piedras están muertas. Que las piedras no son mas que carne de cantera y que de ellas sólo surge algo hermoso si lo talla el hombre. Sin embargo, eso es mentira. Isidro Parga Pondal supo darle a la tierra forma de mapa y, sobre ellos, dibujó flores: rosas de los vientos. Por su labor y en el centenario de su nacimiento, el geólogo recibió ayer un homenaje en su pueblo natal. En el cementerio de Laxe, rodeado de mar y granito, se agolparon los amigos, la familia y compañeros del Museo Geológico que él mismo fundó.
17 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Uno de los biznietos de Isidro Parga Pondal ocupa ahora la misma cuna en la que él fue arropado de pequeño. Cuenta Amelia Menéndez, nuera del insigne geólogo laxense, que la familia conserva todos sus objetos personales y que sigue más vivo que nunca el objetivo por el que Parga Pondal creó el Laboratorio y Museo Geológico. Ella y su hijo Enrique estuvieron ayer en el homenaje que el Concello de Laxe brindó a una de las figuras más importantes del mundo científico gallego. Su tumba en el cementerio municipal se adornó con rosas y margaritas mientras que las gaitas de la agrupación cultural Maruxía hacían sonar el himno gallego. Aunque el frío apretaba, hubo un momento para los discursos y el alcalde de Laxe anunció que harán todo lo posible para que el próximo año «sexa o de Isidro Parga Pondal». Sin embargo, un solo año dedicado a su figura no basta para reconocer toda una vida dedicada a la investigación y, como dijo el alcalde, Antón Carracedo, «posta ó servicio da humanidade».