Cientos de personas de toda Galicia han visitado el socavón aparecido en el monte de Cornanda, en Brión Se ha convertido en la parada obligada de los domingos. Uno carga en el coche a la familia, coge la carretera de Noia y, en Brión, sube por las pistas que llegan a Cornanda. Ya hay serios problemas para aparcar. Algunos se llevan piedras. Otros se retratan. Incluso ha salido una especie de experto local que explica a los visitantes el supuesto origen extraplanetario del agujero de más de cuarenta metros que ha cambiado la vida de la aldea. No falta quien reza ni quien haya pensado montar un chiringuito de chucherías para amenizar la visita. Todo el mundo habla de «o fenómeno», pero sólo los científicos saben dar respuestas.
21 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.E. F. / N. M. SANTIAGO «Se aparecera un santo non viña tanta xente», dice uno de los vecinos de Cornanda que estos días han visto cómo la aldea se convertía en una especie de parque temático con una única atracción de culto: «O fenómeno». Entre los visitantes, no faltan los que echan mano de la memoria y dicen que «houbo algo parecido en Devesa dos Vilares hai nove anos». Devesa dos Vilares está muy cerca de la presa Barrié de la Maza, a orillas del Tambre. Aunque en la Universidad de Santiago no tienen constancia de este episodio, no descartan que el hombre tenga razón. El pasado domingo, la Policía Autonómica tuvo que emplearse a fondo para poner orden en el tráfico que desbordó la aldea en cuestión de horas. Todo el mundo llamaba a alguna puerta y pedía explicaciones sobre cómo llegar al agujero. Al principio, dicen los parroquianos, la cosa les hacía gracia. Pero cuando la cosa empezó a parecerse a una manifestación ya no se rieron tanto. Inconvenientes El mismo domingo, un vecino que intentaba pasar con su tractor cargado a través de una de las pistas, se las vio y se las deseó para poder llegar a casa. Sobre las cifras de visitantes, todos hablan de centenares, llegados de puntos tan dispares como Lugo, Vilagarcía, Vigo o A Coruña. «E iso que non hai marcianos á vista», bromean los de la aldea. No ha faltado quien quiera dárselas de entendido en este episodio. Es el caso de un hombre que durante la jornada del domingo se dedicó a dirigir numerosos paseos hasta el «fenómeno», inventándose sobre la marcha una serie de patrañas que, de todos modos, eran bien recibidas por los turistas. Y es que, en muchos casos, la gente prefiere creer que el asunto tiene que ver con presencias sobrenaturales a constatar que se trata de un hecho geológico, extraño pero natural. Y no faltan tampoco los que ya están pensando cómo se puede sacar provecho del enorme desmonte y hablan de un chiringuito con castañas y refrescos para hacer más amena la visita.