El pez más raro del mundo

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CEPESMA

Un ejemplar de zonas abisales incrementa el espectacular repertorio de animales marinos del Aula del Mar de Luarca Definitivamente, no es lógico lo que está ocurriendo en las fosas marinas situadas frente a la costa asturiana. Los científicos ponen sus ojos en esa zona y, en tanto, el Aula del Mar de Luarca sigue incrementando su espectacular repertorio de ejemplares marinos. Si en los últimos meses varios arrastreros -entre ellos uno de Celeiro- capturaron calamares gigantes únicos en el mundo, en esta ocasión se ha ido, si cabe, más allá. Ahora se ha pescado un pez de los más raros del mundo, cuyo hábitat natural se encuentra entre los 1.500 y los tres mil metros de profundidad. Sin embargo, fue capturado vivo por un arrastrero gijonés. De su rareza da buena cuenta que si bien la hembra pescada pesó 19 kilos, el macho suele rondar los cien gramos. Con este peso, se comporta como un parásito y, habitualmente, se alimenta de la sangre de la hembra. En breve, se expondrá en Luarca.

15 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

JOSÉ ALONSO RIBADEO Del ejemplar de Himantolophus Groelandicus apenas hay citas documentales en el mundo. El capturado el pasado día 4 veinticinco millas al noreste de Gijón es el mayor conocido hasta el momento. Es una hembra en período reproductor, de 19 kilos de peso y 64 centímetros de talla. Luis Laria, presidente de la Coordinadora para la Protección de las Especies Marinas (Cepesma), con sede en Luarca, explicó que el pez fue identificado por el veterinario gijonés José Heredia, uno de los más prestigiosos conocedores de peces de Asturias. Es un ejemplo de hasta dónde puede llegar la evolución de una especie. Y es que el macho es minúsculo en comparación con la hembra, ya que difícilmente alcanza los cien gramos de peso, y se suele comportar como parásito de ella. «Esta especie carece de aperturas exteriores, de bránquias, tiene unos ojos muy diminutos y las aletas apenas las utiliza, por lo que son muy pequeñas. Tiene un pedúnculo en la parte superior de la cabeza, una especie de látigo que termina en bulbo y éste a su vez se ramifica en más, pudiendo llegar a medir cuarenta centímetros. En sus terminaciones tiene órganos fosforoscentes (fotóforos), emisores de luz, con los que facilita la captura de sus presas que, en su gran mayoría, son cefalópodos», explicó Laria. «Posee unos dientes fuertes y afilados -añadió-, mientras el macho incluso llega a carecer de tubo digestivo -o lo tiene atrofiado- y de todos los demás órganos viscerales, con excepción del corazón e hígado, por lo que su supervivencia está supeditada a una alimentación exclusiva por comunicación sanguinea con la hembra». Según avanzó Laria, la próxima semana ya se podrá ver en el Aula del Mar de Luarca.