Los científicos introducen cada vez más conceptos incomprensibles para la mayoría de los ciudadanos Los investigadores trabajan con conceptos incomprensibles para el común de los mortales. Ya lo decían nuestros abuelos: «La ciencia avanza que es una barbaridad». Pero al ciudadano de a pie le suena cada vez más a chino. Las investigaciones no se rigen ya por los parámetros tradicionales de espacio y tiempo, y a más de uno se le están rompiendo los esquemas. Ante semejante panorama, cabría decir que el mundo científico está fallando a la hora de hacer llegar al ciudadano sus descubrimientos.
11 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Aquellos que crean que un segundo es un brevísimo período de tiempo, se equivocan. La Femtoquímica estudia desde hace una década procesos físicoquímicos, como la fotosíntesis, que tienen lugar en una escala de tiempo del orden del femtosegundo, una milésima de una billonésima de segundo. Para el común de los mortales, no sólo resulta imposible percibir qué ocurre en esa fracción de segundo, sino que resulta difícil pensar en el concepto mismo de tiempo aplicado a algo que ocurre antes de poder decir «ya». ¿Y para qué quiere nadie saber qué pasa en un femtosegundo? La persona que llega a casa cansada de trabajar y con ganas de disfrutar de su tiempo libre, quizás para nada. Lo cierto es que, sean asuntos vitales o no, cada vez se reciben más noticias provenientes del ámbito científico que dan al traste con toda una concepción del mundo y de las cosas. Apenas unos pocos sabios alcanzan a comprender que, cada segundo, un billón de partículas (los neutrinos) atraviesan la materia sin modificarla. Lanzados hacia la nada Una persona cualquiera describiría una fracción infinitesimal de segundo o las partículas elementales más pequeñas que el átomo, como los citados neutrinos, como «nada». Pero la nada es una idea que el cerebro humano rechaza. A pesar de ello, un grupo de científicos italianos ensayó recientemente con éxito en un laboratorio un experimento por el cual las ondas electromagnéticas superaban la velocidad de la luz (300.000 kilómetros por segundo). Luego aseguraron que el instrumento que controlaba la prueba había revelado, sin errores, que después de un breve recorrido el tren de ondas se disolvía en la nada. O sea, que vuelve a quedar en el aire la pregunta: ¿viven los científicos de espaldas a la sociedad, o es la sociedad la que da la espalda a la ciencia?