El tentador escaparate del Lugo

Iván Díaz Rolle
I. DÍAZ ROLLE REDACCIÓN / LA VOZ

CDLUGO

LOF

El Ángel Carro ha sido un trampolín a Primera para catorce jugadores en ocho temporadas

02 ago 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

De llegar al Lugo en Segunda B siendo casi un novato, al Barça. Es el gigantesco salto que dio Quique Setién, con un ascenso rojiblanco y una cuantas campañas en Primera División con Las Palmas y Real Betis de por medio. El modelo dominante del entrenador cántabro dio visibilidad a un club rojiblanco que a su llegada vagaba por las categorías más humildes del fútbol nacional y hoy es todo un clásico en la Segunda División. Siempre se ha asumido que el tiki-taka impuesto por el ex jugador internacional ayudaba a sus futbolistas a hacerse ver, pero cinco años después de su marcha del Ángel Carro, el Club Deportivo Lugo sigue catapultando futbolistas para Primera a un ritmo aún más rápido.

Desde que la escuadra rojiblanca desembarcó en la categoría de plata en el 2012, ha sido un trampolín para catorce jugadores. Todos ellos encontraron gracias a su rendimiento a orillas del Miño un pasaporte a Primera o, al menos, hacia un equipo en el que luego consiguieron el ascenso. Aunque en sus ocho años en Segunda los lucenses casi siempre han sobrevivido en la zona medio-baja de la tabla, la estructura del club ha reunido las condiciones necesarias para destapar a alguno de sus talentos en cada temporada.

En 2012-13, el portero Yoel Rodríguez, cedido por el Celta, terminó de despegar en el Ángel Carro para luego iniciar una buena carrera en Primera con los olívicos, el Valencia, el Rayo Vallecano, el Real Valladolid y el Eibar. Su compañero Óscar Díaz estableció en esa misma Liga su techo goleador, con 15, lo que le valió una oportunidad con el Almería.

Junto a ellos bregaba el ahora indiscutible lateral derecho del Granada Víctor Díaz, que se quedó un curso más en Lugo antes de pasar por el Recre y el Leganés, con el que consiguió su primer ascenso. En esa segunda campaña en la categoría de plata, Rennella, con 13 tantos, fue el pichichi rojiblanco para ganarse una oportunidad en el Betis, que lo había prestado.

Poco después fue David Ferreiro el que se fue al Huesca, con el que debutó en Primera y acaba de volver a ascender. En algunos entrenamientos coincidió con el portero vasco Jon Ander Serantes, que se marchó al Leganés, con el que brilló en la élite, sin que Setién le diese ninguna oportunidad.

Francisco Rodríguez

La tradición ha seguido con los nueve entrenadores que vinieron tras el culé. Hasta el propio Francisco, que ya debutara en Primera División con el Almería, regresó con el Huesca a la liga de las estrellas tras un buen año en el Lugo.

También brilló de rojiblanco Álvaro Lemos para ganarse una fugaz experiencia en la élite más absoluta con el Celta que alcanzó las semifinales de la Copa del Rey y la Europa League de la mano del Toto Berizzo. El lateral derecho Jordi Calavera, por su parte, necesitó una aventura intermedia en el Sporting antes de que el Eibar le diese la alternativa.

Más meteórico fue el salto de Ignasi Miquel, que llegó de la cantera del Arsenal y se fue mediada la temporada al Málaga convertido en uno de los centrales más fiables de la historia lucense. Luego pasó por el Getafe y hoy trata de recuperar su estatus de Primera en el Girona.