Definitivamente, la trayectoria viajera del Lugo es un auténtico monólogo de impotencia. Ayer, en uno de los fortines de la categoría, Santo Domingo, el Alcorcón le endosó la cuarta derrota a domicilio (quinta del campeonato), remontando el gol de Rubén Durán. Ni adelantándose supo o pudo sacar tajada. Y, para colmo, los dos goles encajados, a balón parado. Habrá que hacérselo mirar. Me imagino el cabreo de Setién ante la doble circunstancia favorable desaprovechada. El reto de ganar a domicilio sigue siendo una utopía. Y ese hándicap está creando unas obligaciones muy peligrosa, que no son otras que ganar los partidos del Ángel Carro, convertidos en verdaderas finales. Hasta la fecha, el Lugo ha respondido positivamente, moviéndose como un consumado funambulista en el alambre. Pero, ojo, porque esta inercia casera pude trocarse en cualquier momento y dejar al equipo al borde del descenso. Hay que sacudirse el síndrome viajero, si se quiere mantener una velocidad de crucero salvadora.