El aroma de las grandes ocasiones volverá a impregnar el Ángel Carro. El Lugo desempolva su sentimiento más rojiblanco para recibir al Oviedo. Dos gallitos de Segunda B concebidos en diferentes forjas, pero que comparten un mismo fin: disputar la promoción de ascenso y hacer soñar a sus aficiones con competiciones más elevadas. El choque empezará a las cinco de la tarde. Algarabía y oportunidad para ambas escuadras de asestar una bofetada de prestigio y moral a un enemigo directo.
El ambiente festivo parece garantizado en el coliseo rojiblanco. Alrededor de dos mil hinchas carbayones desafiarán a la afición local, que ha asumido el partido con máxima emoción. La atmósfera de las tardes del pasado mes de junio, cuando el Lugo luchó por subir a Segunda, serán revividas bajo el fresco clima de febrero.
Y más allá de la guerra de gargantas, la batalla sobre el césped enfrentará a dos estilos diferentes. El Lugo apuesta por el fútbol combinativo, no le agrada el desplazamiento en largo del balón. Pero en las últimas jornadas ha carecido de la chispa de sus mejores ocasiones.
Enfrente, las hordas de Pacheta. Al técnico del Oviedo le gusta achuchar al rival con una presión con momentos asfixiantes. Recuperar balones, picar como avispas y utilizar el fútbol directo para agobiar a los contrarios son sus señas de identidad. Y todo ello se halla aderezado por una plantilla de campanillas que ha dibujado el ascenso a Segunda como meta ineludible.
Minimizar errores
En un choque como el de esta tarde, cualquier regalo podría pagarse a precio de oro. La contundencia en las dos áreas será el maná que ambos técnicos persigan para incrementar las opciones de triunfo. En el caso del Lugo, los fallos en la construcción parecen censurados. No perder es el primer objetivo. «No me importará jugar en largo en un momento dado», aseveró Setién durante la semana.
El Oviedo, por su parte, ha rubricado una enorme remontada en la tabla desde el mes de octubre. En caso de imponerse esta tarde en el Ángel Carro, adelantaría al Lugo. Pero las dudas surgen a la hora de valorar la cantidad de gasolina que les queda a los astures. Sus dos últimos desplazamientos se han saldado con fracaso.