El desafío de la mareona

Murillo

CDLUGO

El Anxo Carro tiene hoy otra cita con la historia reciente del Lugo, donde sus raquíticas cinco mil localidades volverán a dejar en evidencia el abandono secular que soporta y sufre discriminadamente el deporte lucense. Basta con que tres mil ovetenses solicitasen otras tantas entradas para el partido de mañana, como que la indignación de los directivos, aficionados y socios del Lugo subiese tantos como ilimitados enteros. Porque, al final, para que los más de tres mil socios rojiblancos tengan derecho a una entrada, fue necesario limitar el envío a dos mil a los asturianos. ¿Para cuándo se acordarán nuestros irresponsables políticos que Lugo precisa de un campo con un aforo no inferior a las ocho mil localidades? ¿O es que el resto de Galicia y sus principales capitales no los tienen? Pues Lugo, ahora mismo, es la cuarta capital gallega en número de habitantes.

Para afrontar esta masiva «mareona» que nos invade, el Lugo no está precisamente en su mejor momento. Quique Setién lo sabe y es consciente de ello y de la trascendencia del partido. No decisiva, pero sí importantísima. El técnico trata de imbuirle a sus hombres un más que necesario revulsivo psíquico, en busca de una reactivación inmediata. El Real Oviedo, que comenzó pésimamente la temporada, ha protagonizado una escalada espectacular hasta situarse a un solo punto de los lucenses en la tercera plaza. Es su mejor aval. Un dificilísimo adversario, al que el Lugo solo podrá superar con dos premisas primordiales: elevar su nivel de prestaciones en juego ofensivo y seguridad y concentración atrás, donde los regalos están prohibidos. Solo así, jugando a tope los noventa minutos, con circulación rápida de balón y verticalidad buscando las bandas, los lucenses podrán dar ese golpe de autoridad que hace tiempo se hace de rogar. La urgencia de un triunfo ya es un hecho para los lucenses. Luego, el apoyo de la afición también será decisivo frente a la bullanguera mareona ovetense. Ambas aficiones deben protagonizar una jornada inolvidable y deportiva, muy lejos del reciente y trágico espíritu de Port Said.