Futbolistas del Lugo narran la dificultad de jugar un partido con una densa niebla.
13 ene 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Quique Setién, como todos los entrenadores, aspira a que sus futbolistas jueguen de memoria. Y en los dos últimos partidos del Lugo, esa filosofía ha llegado al extremo de manera involuntaria. La niebla que flota en la ciudad de las murallas desde el pasado domingo es la culpable de que los rojiblancos hayan tenido que hilar muy fino en los encuentros contra el Toledo (Liga) y Racing B (Copa Federación).
El choque del domingo ante el Toledo fue el preámbulo de la noche dantesca que anteayer se vivió en el Ángel Carro. En el encuentro que los lucenses disputaron contra el Racing B, la niebla era muy espesa desde el inicio. La luz de los focos rebotaba sobre la cortina que flotaba sobre el césped y que, lejos de disiparse, se cerró con el paso de los minutos.
Fue un partido de sufrimiento para los zagueros, como reconoce Diego Garrido, central izquierdo de los rojiblancos: «Nunca había visto una cosa igual. Desde la mitad trasera de nuestro campo no se veía la portería contraria».
Y las dificultades crecieron al mismo ritmo en que descendió la precisión. «En la segunda parte no veía a Quero y ni a Aitor, que estaban en la banda derecha. Si mandaba el balón allí, no sabía lo que iba a pasar», confiesa Garrido. De los balones aéreos, mejor ni hablar: «Era muy difícil medir, porque no se veía bien la pelota cuando caía».
Al central rojiblanco no le gustaría haber estado en la piel de Escalona, el portero del Lugo: «Tuvo que ser un partido muy difícil para él, porque, además, el rival no llegó mucho a nuestra área y tampoco estuvo muy activo».
Sin referencia
El padecimiento en la zaga contrastó con el descontrol que se vivió en la delantera. Isma, habitual extremo izquierdo del Lugo, adelantó su posición hasta la punta. Y reconoce que la niebla convirtió el choque en una odisea para él: «Tenía que esperar a que el balón llegase al centro del campo para entrar en juego. Cuando lo tenían los centrales o el portero de mi equipo, no lo veía. En la segunda mitad, ya era impracticable».
Por principio, el Lugo prefiere el fútbol combinativo al estilo directo. No obstante, contra el Racing B, los recursos menguaron por la falta de visibilidad. Isma señala que «en ataque, me tenía que mover un poco a ciegas, porque no sabía si los compañeros me estaban buscando. Además, aunque a nosotros nos guste tocar, bajo esas circunstancias perdemos la capacidad para sorprender con algún balón en largo. Los desmarques se limitan y el rival, que estaba cómodo en defensa, cerró bien los espacios».
Al igual que Garrido, Isma explica que «los cambios de orientación eran jugadas perdidas, porque no se veía nada de una banda a otra. Rifábamos cada pelota». Al final, empate a un gol. La eliminatoria se resolverá el miércoles en Santander.
Aplazamiento descartado
Eso sí, finalizado el encuentro, muchos se preguntaban por qué no se había suspendido. «No se habría disputado si fuese de Liga», afirma Garrido. Carlos Mouriz, director deportivo del Lugo, explica que «hubo buena voluntad por parte de los dos equipos, porque, de no haberse jugado el partido, debería haberse celebrado antes del martes. Es cierto que no se veía desde una portería a la otra, pero el árbitro también se mostró comprensivo».
«Los cambios
de orientación
eran jugadas perdidas», afirma el punta Isma