Hace treinta y siete años José Illán y su mujer, Mari Luz Vigo, abrieron la panadería que ahora regenta su hijo, Óscar. En su tiempo libre, los dos se dedican al fútbol
04 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Si uno se acerca a la panadería Illán y tiene la suerte de ser atendido por sus propietarios, encuentra en José, o Pepe, la cálida mirada de un hombre que ha consagrado su vida al trabajo y a la familia, y en Óscar, el ímpetu del hijo primogénito y varón, que como en las familias de antaño, continúa la saga. El vínculo de Pepe con el pan nació a los nueve años, cuando comenzó a trabajar como repartidor en la panadería de un vecino de Lugo. Al finalizar el servicio militar, alquiló la panadería Rego, en el alto de Garabolos, donde más tarde trabajaría también su mujer, Mari, y nacería su hijo. Pero a principios de los setenta había llegado el momento de emanciparse y el joven matrimonio compró un local en la calle Río Narla y abrió su propia tahona, que hace veinte años se convirtió también en pastelería. Aun así, el nombre de Illán, además de ir aparejado a «pan» y a «Lugo», no sería lo mismo sin su gran pasión, el fútbol. Desde muy joven, Pepe Illán estuvo ligado al Club Deportivo Lugo, del que fue jugador, ayudante de entrenador y directivo (vicepresidente y presidente); además, jugó también en el SDC Milagrosa y en el Foz Club de Fútbol, lo que determinó su éxito profesional: «yo era nativo; la gente me conocía desde niño y el fútbol me abrió puertas para ser conocido en otros ámbitos». Sendas paralelas En otra época y en otras condiciones, la vida de Óscar fue muy similar. Aunque llegó a categorías superiores en el fútbol (estuvo en el Sporting de Gijón), también fue jugador en A Mariña, concretamente en la Sociedad Deportiva Burela; en el SDC Milagrosa y en el Club Deportivo Lugo, y actualmente, es junto con su padre y otros, directivo de la Asociación de Veteranos de este último club. Con todo, hace diez años, Óscar Illán Castro dio por concluida su carrera deportiva y se puso al frente del negocio familiar, del que desde hace tres es el gerente. Y a pesar de que desde niño aprendió entre fogones la esencia del negocio, diez años no es nada, y las decisiones, en el fondo, las sigue tomando José (y Mari).