LLegó agosto, el mes vacacional por antonomasia, cuando la Administración rebaja su actividad al mínimo imprescindible y comienzan a llegar a la Costa da Morte los ansiados visitantes en busca de tranquilidad, patrimonio, noches frescas y buena gastronomía. En muchos casos encontrarán lo que buscan y en otros deberán conformarse, bien porque las expectativas son demasiado altas, bien porque la zona no está a la altura.
Los interesados por los megalitos tienen una gran oferta en la comarca, pero les costará disfrutar de ella. El parque arqueológico prometido por la Xunta no es ni siquiera un proyecto todavía, pero es una necesidad desde hace años. La autovía acerca los imponentes yacimientos de Zas y de Vimianzo, pero hay que ser un buen conocedor de la zona para poder disfrutar de ellos. Pasa lo mismo con los petroglifos y con otros tesoros recónditos que podrían ser un potente atractivo para los que viajan a Galicia.
El turismo cultural no termina de arrancar en la Costa da Morte en parte porque al visitante se le dan pocas oportunidades de conocerlo adecuadamente. Muchos de los que se aventuraron en busca de los yacimientos terminaron perdidos por los caminos.
Ya no hay, además, un punto de información centralizado, en el que poder conseguir una visión global de lo que es la Costa da Morte y sus recursos turísticos. De eso se quejan los visitantes, de no haber podido sacarle todo el jugo a la comarca. Muchos parecen intuir que hay mucho más que lo que han visto y lamentan habérselo perdido. Ahora ya es tarde para hacer el agosto, pero hay un año por delante, uno más.