Ni un solo minuto arrepentido de haber tomado el camino del sacerdocio

EN PRIMERA PERSONA | Severino Suárez Blanco: «Disfruto mucho con todas las tareas pastorales», escribe el párroco, asentado en A Coruña


Nací en la parroquia de Treos, concello de Vimianzo, en una aldea de interior y dentro de una familia numerosa. Como todos los niños, asistía a la escuela de la aldea, aunque en ese momento no había grandes inquietudes para hacer estudios. Por ello, necesitabas de alguien que te diera un empujón y te animara a dar el paso hacia adelante. En este sentido, destacaría tres personas que han sido una referencia para mí.

En primer lugar, el párroco Manuel Iglesias, que siendo un hombre tradicional y muy piadoso, realizaba dos actividades que yo valoraba mucho: la excursión anual del catecismo y la venida de padres misioneros de distintas órdenes religiosas, que ayudaron a abrir nuestra mente y corazón a Dios, a las personas y al mundo. Otra persona de una especial referencia fue mi padre, un hombre de aldea con mente abierta e inquietud de progreso. Era concejal en el Ayuntamiento de Vimianzo y trabajó mucho por mejorar las condiciones de la gente del entorno. Tampoco puedo olvidarme de Fina, mi maestra, que además vivía en nuestra casa: siempre tenía una palabra de aliento para ayudar a superar las dificultades que surgían.

Ingreso en el Seminario Menor

Con 12 años me fui al Seminario Menor porque pensaba que siendo cura podría realizarme como persona y ayudar a los demás. Con el preuniversitario aprobado, hay que dar un paso decisivo: entrar al Seminario Mayor para hacer los estudios de Filosofía y Teología o bien ir a la universidad para hacer otras carreras o trabajos. Yo decidí continuar con mi preparación para ser cura. En los años de estudio del Seminario Mayor, durante las vacaciones de verano, un pequeño grupo de compañeros viajábamos cada año a distintos países de Europa. Allí, además de conocer los diferentes lugares, realizábamos algún trabajo a nuestro alcance para poder vivir y conocer de cerca, con la ayuda de los capellanes, el mundo de la emigración que por aquellos tiempos era muy numerosa en esos países de Europa.

Ordenación de Diácono

Fui ordenado Diácono por monseñor Ángel Suquía. En ese momento fui destinado a la parroquia de San Martín de O Grove, para tener una experiencia pastoral antes de ser ordenado sacerdote. Allí, después de una experiencia muy gratificante al lado del párroco, y por entonces vicario episcopal de Pontevedra, Edmundo Noya Mougán, fui ordenado sacerdote por Antonio María Rouco Varela el 9 de julio de 1977. Una vez ordenado sacerdote, continuaría en esa parroquia como vicario parroquial y profesor de religión en el instituto de Sanxenxo y más tarde de O Grove. Así, durante bastante tiempo, mi labor pastoral se desarrollaría en la parroquia de San Martín de O Grove, en A Illa de A Toxa, y asimismo por toda la zona, ya que fui subdelegado episcopal de pastoral juvenil para la vicaría de Pontevedra. Estuve también como párroco de Nantes, Sanxenxo y Santa Eulalia de Sil, en Meaño, durante seis años: de 1990 a 1996. Me encontré muy feliz en todas esas parroquias.

El 12 de octubre de 1996 tomé posesión como párroco de San Francisco Javier, en A Coruña, alternando el trabajo pastoral en la parroquia con el de profesor de religión en el Instituto Salvador de Madariaga y más tarde en el Rafael Dieste. La parroquia de San Francisco Javier, situada en la zona de Agra de Orzán, cuando yo llegué tenía la Iglesia en un sótano, y unos pequeños locales para catequesis y actividades en las calles cercanas. Tras un tiempo conseguimos legalizar y poner al nombre del Arzobispado los terrenos donde estaba ubicada la parroquia. De este modo, pudimos comenzar las obras del actual complejo parroquial, que consiste en la iglesia con acceso directo desde la calle, un salón de actos, un despacho para Cáritas y un almacén para alimentos. Además, dos plantas amplias para catequesis y una más para vivienda parroquial. En el 2011 me encomendaron además la parroquia de Nuestra Señora del Pilar y la de O Nadal do Señor: ya se sabe que hoy en día los curas somos un bien escaso… En la parroquia del Pilar tuve que volver a enfrentarme a obras, pues había que continuar las obras parroquiales que había empezado José Antonio Otero Outes, que estaban aún muy en precario y que ahora, gracias a Dios y al esfuerzo de los fieles, ya están finalizadas.

Disfruto mucho con todas las tareas pastorales: la catequesis, la visita a los enfermos, las celebraciones litúrgicas, las charlas de importantes figuras de la vida cultural gallega, las excursiones a santuarios de Galicia, España, Portugal y Francia, la atención a los pobres a través de Cáritas… En las fiestas parroquiales se realiza una completa programación religiosa, festiva y cultural con novenas, oraciones especiales, charlas, corales, bandas de música... Toda esta ingente labor no se podría realizar sin la colaboración de tanta gente… porque en el mundo hay muchas personas buenas, que quieren transmitir a los demás la luz de Cristo, construir ya aquí ese Reino de Dios que tenemos como promesa para la vida eterna. Se puede ver todo esto en la web parroquial. Son ya 43 años como cura: ¡ni un solo minuto me he arrepentido de haber tomado este camino!

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