Un policía de Vimianzo salvó la vida a un bebé en Sagunto y en el 2009 a una joven que se hundía en el Orzán
01 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Se llama Humberto Pérez Pais, es natural de Vimianzo, en la Costa da Morte, y tres veces héroe. Trabajó de vigilante de seguridad y cuando tenía 25 años fue coronado Míster Galicia 2000. Entonces, sus metas eran distintas a lo que el destino le tenía preparado. «Quería dedicarme a la moda o a la televisión», recuerda de aquellos años un hombre de temple frío, pero con sangre solidaria. Su vocación de servicio le hizo cambiar aquel espejismo de pasarela, flashes y cámaras por la academia. Hincó los codos y superó las duras pruebas físicas y exámenes teóricos para integrarse en el Cuerpo Nacional de Policía.
Cuenta Humberto que, desde el momento en que vistió el uniforme, «mi lema es primero los demás, luego estoy yo». Y aplica su pensamiento al pie de la letra. Hasta el punto de olvidar por completo los riesgos que, a veces, se pagan con la propia vida para salvar la de otro.
Lo demostró ya en tres ocasiones. Su última acción humanitaria dejó boquiabiertos a los cientos de personas que el lunes pasaban la tarde en un centro comercial de Sagunto, en Valencia, ciudad en la que ejerce de subinspector de la Policía Nacional. «Estaba fora de servizo e estaba tomando algo nunha cafetería coa muller e cos meus nenos», dice. Pero le llamó la atención un tumulto repentino, se acercó y comprobó que se trataba de un bebé de un año, que «caera esborrallado». Vio que tenía los ojos cerrados: «Non reaccionaba aos estímulos e non tiña pulso». Alrededor, la madre y la abuela del pequeño «choraban». Avisó de inmediato a emergencias, y «comecei a practicarlle a manobra Heimlich infantil porque pensei que podía haberse atragantado e quería liberarlle as vías respiratorias. Tamén lle apliquei a técnica de reanimación cardiopulmonar», recuerda el agente.
Un mordisco de vida
«O cativo comezou a reaccionar, a poñer espuma pola boca -relata Humberto no sin templada emoción-; baixeille a mandíbula e púxenlle os dedos na boca para que non se afogara, retireille a lingua e o pequeno reaccionou mordéndome nun dedo».
En ese momento, la mujer de Humberto salió a la calle y paró a un vehículo del 092. En el coche patrulla subieron el policía salvador y el bebé con su madre hacia el hospital. Ya en la camilla, el niño comenzó a llorar. Al poco rato apareció la abuela. «Viña desesperada», describe Humberto, que tuvo que tranquilizarla y esperó con ella hasta que llegaron otros familiares. Dice el agente de Vimianzo que lograr salvar al bebé «é a mellor medalla que me poden dar, tiven moito medo de non lograr reanimalo cando ao meu lado se atopaban os meus fillos».
Pero Humberto ya había salvado otra vida en la madrugada del 21 de junio del 2009. Entonces patrullaba en Penamoa, en el ya desaparecido mercado de la droga de A Coruña. Por la emisora escuchó que pedían efectivos para la playa del Orzán porque se estaba ahogando una persona. El vimiancés y su compañero se dirigieron de inmediato al arenal. Frente al colegio de los Salesianos -muy cerca de donde años más tarde, en el 2012, fallecerían tres compañeros que intentaron salvar a un estudiante de Erasmus de nacionalidad eslovaca, que también se ahogó- el fuerte mar de fondo había arrastrado a una joven de 21 años a unos 150 metros de la orilla. Humberto no se lo pensó, se quitó la ropa y se arrojó al mar. El oleaje y la fuerte resaca no pudieron evitar que llegase hasta la muchacha, «aínda que con moito esforzo». La agarró, «cando xa se estaba quedando sen forzas e afundíndose», dice, y la llevó hasta la orilla. Estaba a salvo, pero no así el vimiancés: «O forte mar non me deixaba saír polo Orzán e tiven que nadar ata buscar outra zona, de menos mar. Logreino polos pelos». Por esta acción fue condecorado.
Tres hombres y un caballo
Humberto Pérez también se vio inmerso en otra situación de riesgo en Canet D'en Berenguer, en Valencia. Fue en marzo del año pasado. «Houbo unha forte riada que arrastraba as casas cara o mar», recuerda el policía. En una de las viviendas había tres hombres, «xa entrados en anos que estaban tratando de sacar un cabalo», dijo. Con el agua desbocada con fuerza y casi cubriéndole la cabeza «fixen unha liña de vida, mentres os meus compañeiros sostiñan o cabo, fun nadando ata a casa e logramos sacalos a todos».