Melania Coscoñas atiende las misas y la iglesia de Castrelo, en Vimianzo. Apenas hay mujeres en la zona que lo hagan
21 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Melania Coscoñas Leis es la última, o de las últimas, de dos especies.
Es una de las escasas personas (13 en Galicia, 30 en toda España) que porta el apellido Coscoñas. A ella le vino de su padre, natural de la parroquia de Castrelo, en Vimianzo, al igual que ella. Una joya para la heráldica cuyo origen ya han indagado unos cuantos. Esta es la segunda (apasionante) historia.
La primera historia-especie es que Melania es una de las escasas sacristanas y campaneras de la zona. Probablemente, la única que se dedica enteramente al oficio. Tiene mérito: tanto porque nunca hubo muchas mujeres en esto, a salvo de colaboraciones esporádicas o complementarias; como porque Melania tiene 80 años.
Ella se encarga de todo: pedir las aportaciones, limpiar el templo, abrir las puertas, colocar el vino, cambiar los manteles, colocar las flores, limpiar las alfombras... Y tocar la campana. ¡En el campanario! Es lo que más le cuesta, subir las escaleras. Le da a todos los toques, salvo al repique, que es mano de santo. Y a su edad ya no va a aprender. Melania dice que le dedica «máis tempo a isto que á casa». Le gusta. A los vecinos, también, claro, es trabajo hecho. Le viene de su padre, le ayudaba. Después también ayudaba al hijo. Pero hará unos ocho años, le cayó la herencia . Melania Coscoñas dice que, mientras pueda, seguirá con ello.
Como ella, tampoco repicaba Luisa Romar Vázquez, de Camariñas. Era también campanera y sacristana. Trabajó hasta el 2004, cuando murió a los 87 años. Su hija, Lola Tajes Romar, ejerce ahora esas funciones, pero no tanto. No puede, porque es mariscadora, y atiende la casa. Lo hace en los ratos libres: tocar la campana, limpiar, poner las velas. Al principio no fue fácil. «Das primeiras veces, non era capaz, lembrábame moito de miña nai, pasábao mal», explica. Pero se fue acostumbrando, y ya ha superado esos miedos. Su marido también coopera, y los domingos ya hay monaguillos, así que lo lleva bien.
Hay algún caso más, pero cada uno tiene sus historias. Como en Suxo-Muxía, donde Maruja ayuda en la tareas generales, o da el primer toque. En otros lugares, son familias la que cooperan en las labores. Pero ningún caso como Melania, por edad y devoción de trabajo. Hasta en los entierros ayuda al cura. El deber es el deber.