El esperpento en Ponteceso

PONTECESO

28 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

La corporación de Ponteceso lleva una deriva peligrosa. Seguramente el regidor tenga muchos defectos y parte de culpa en lo que está ocurriendo. Es más. Está visto que le ha faltado mano izquierda con varios de los suyos, aunque lo más posible es que, visto lo visto, se haya equivocado estrepitosamente a la hora de elegir a sus compañeros de viaje.

Ahora bien, lo que no se debe admitir es que haya ediles que se suban a la parra, se líen la manta a la cabeza y pongan a un alcalde en un brete porque no les alcanza los 300, 400 o 600 euros mensuales, al margen de comisiones y plenos, como si la política fuese una feria en la que se vende y compra las ilusiones de la gente. La política es, ante todo, servicio y vocación. Y el que no lo entienda así es mejor que se aleje de ella. Cuando uno va en una lista electoral ha de llevar una buena mochila de ética y saber estar. Los alcaldes fueron dotados por ley de una autoridad y unas potestades, precisamente, para evitar que los rebaños revueltos llevasen los concellos a la ruina. O, por revanchas personales, dejar a familias y empresas sin cobrar los servicios prestados.

Pueden los munícipes rebelarse por no recibir los 300, los 400 o los 600 euros, por muy discutible que sea, pero no tienen derecho a paralizar por ello un concello ni a saltarse los turnos de palabra o armar bronca así como así. Y si lo hacen, acabar en la calle, como les ha ocurrido este jueves, por mucho que clamen por la Guardia Civil, que está para otros menesteres y no para ponerle coto a esperpentos como el montado por los ediles pontecesáns en la última sesión.