Madreselva y manzanilla


Madreselva y manzanilla, flores para la nariz que acompañan esta ruta por la orillamar rocosa y las cumbres de Corme. Tras salir de la rampa-varadero de Santa Mariña de Brantuas, el grupo costea con el océano de frente y por la derecha.

La última jornada de la temporada senderista de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la USC reserva una sorpresa especial a su conclusión. Pero ahora toca subir y bajar, calentar las piernas y sentir los riñones, así como charlar con unos y con otros.

La llegada al brazo marino que cierra el arenal de La Barda es todo un descubrimiento paulatino que provoca el aumento de las endorfinas. Los quince, que se han fragmentado ya, se saludan manos arriba para mantener el contacto visual y que nadie se pierda.

Antes de subir de nuevo al monte, hablamos con Estrella, natural de la zona aunque vive en A Coruña desde hace treinta años. Dice orgullosa haber hecho el Camino de Santiago con su marido. Cada vez son menos los que no han experimentado el intenso placer de lanzarse a la vía jacobea. La dura pendiente asfaltada nos devuelve al sufrimiento y retrasa aún más al grupito de cola.

La conquista de los aerogeneradores plantados allí en el año 2000 alivia las cinturas al llegar al llano. Los gigantes blancos están inertes, la niebla se espesa y la lluvia termina cayendo sobre los cuerpos infinitesimales de los quijotes que van por la senda. Sin caballo y sin lanza, dejan atrás las palas triadas que algún día podrían ser patrimonio cultural; no sin antes divisar a sus espaldas la elevada ermita de la Virgen del Faro.

Luz y trato, piedras preciosas

Después de cruzar la aldea de O Roncudo y reagruparnos en otra cima eólica, dudamos sobre qué senda tomar, hasta que dimos con la bajada al cabo del mismo nombre. En la punta nos espera la torre luminaria, algo descascarillada, mientras el horizonte nuboso se va rompiendo en cielo azul.

Por la carretera aprieta un calor pesado y húmedo hasta llegar al monumento a los percebeiros. Estamos en Corme. Algunos sucumben al terraceo; otros se acercan a la Pedra da Serpe, conjunto granítico que representa una mítica serpiente alada con una cruz latina encima; y el quinteto más en forma consigue alcanzar la playa de Balarés.

Con un canto a la amistad finaliza la comida en el restaurante Miramar. La amistad nace con la luz y se afirma con el trato, dice alguien rememorando a Molière. Luz y trato, piedras preciosas.

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