Malpica recuerda a tres vecinos que sufrieron el horror de Mauthausen

Uno murió, y los otros dos regresaron a casa en diferentes momentos. Un libro y una placa los homenajean desde hoy

Luis Rodríguez Villar, Antonio Fariña Chouciño y Antonio Suárez Blanco, los tres malpicanos de Mauthausen
Luis Rodríguez Villar, Antonio Fariña Chouciño y Antonio Suárez Blanco, los tres malpicanos de Mauthausen

carballo / la voz

Héctor Pose era un adolescente cuando en agosto de 1978 vio subir por las escaleras del bar familiar Cachón, en Malpica, en medio del ambiente de humo y de conversaciones marineras, a un hombre de paso lento y figura rotunda, al que de inmediato, tras hacer detenerse el tiempo mejor que en las películas de ciencia ficción, los mayores identificaron como Rogita.

Ese era su apodo, Luis de Rogita. Volvía a casa tras escapar en lancha junto a otros vecinos 39 años antes, y sobre todo tras haber pasado por el campo de concentración de Mauthausen, donde estuvo desde 1941 al 5 de mayo de 1945. Dentro de la terrible mala dicha de la vida que le tocó, tuvo suerte: fue liberado y sobrevivió. En medio, las vivencias imaginables y las difícilmente imaginadas con los ojos actuales. Muchas las relató aquel día ante los atónitos y emocionados vecinos, y otras en las jornadas siguientes.

Hoy las recupera aquel joven Héctor, profesor de la Universidade da Coruña y ya con varios libros en su mochila profesional. Lo hace en otro, titulado Aquela xente digna, dedicado a Luis y a otros dos malpicáns que también pasaron por el campo de concentración austríaco: Antonio Suárez Blanco, Coruña, y Antonio Fariña Chouciño, Antonio da Rosa. Ambos formaban parte de la tripulación de tres barcos que entre 1937 y 1938 abandonaron Malpica en noches de junio con proa hacia Francia, dejando atrás una represión esperable por sus vinculaciones republicanas o con la CNT. En total, 66 hombres que tuvieron vivencias dispares, y todos carne de novela: los que regresaron, los que se quedaron en Francia, los que lucharon en la Resistencia -y fueron capturados por los nazis, de ahí su destino final-, quienes se fueron en el Winnipeg a Chile y de ahí subieron a Perú para revolucionar la pesca de sardina desde Chimbote...

 Rogita, tras enviudar en Francia, regresó aquella tarde de agosto imposible de olvidar. Coruña lo había hecho más de 25 años antes, tras lograr un indulto e informes favorables. Antonio da Rosa nunca pudo hacerlo: falleció en el subcampo de Gusen el 6 de mayo de 1941, muy poco tiempo después de que fuese localizado, de lejos, por Luis y Antonio, que lo reconocieron por su figura: lo llamaron a voces y sí, era él, demacrado y tuberculoso.

Tuvieron tiempo de cruzar las manos los tres, como despedida, en uno de los momentos más duros del libro, y eso que hay muchísimos. Como cuando uno se libró del crematorio porque la cuenta paró en el número 300 y él era el 302, o cuando se movió de la cola y también escapó así a la muerte.

El libro está editado por la Asociación para a Recuperación da Memoria Histórica, con el patrocinio de la Diputación coruñesa. La primera entidad y el Concello malpicán son los organizadores del acto de hoy, a partir de las 20.00 horas, en la Casa do Pescador de Malpica, que incluirá la colocación de una placa. Todo para que su recuerdo no se olvide nunca, ni el del resto de la Costa da Morte, ni el de los 109 gallegos que murieron en los campos de exterminio.

Reencuentro tras Mauthausen: «Meu pai espertábase de noite porque oía as botas dos alemáns»

Mila Méndez
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Reencuentro tras Mauthausen: «El morreu nos brazos de meu pai» Se hicieron amigos en un campo nazi del que solo uno logró salir. Reunimos por primera vez a sus descendientes

Dos gallegos se hicieron amigos en un campo nazi del que solo uno logró salir. Reunimos por primera vez a sus descendientes

No se conocían aunque sí sabían el uno del otro. El vínculo que une a Francisco Pena (Boiro, 1934) con José Luis Alamán Ferreiro (A Coruña, 1955) se remonta a la Austria ocupada de 1940. Allí se conocieron su padre y su abuelo, respectivamente. Uno, Francisco Pena, era un marinero sindicalista arousano de Boiro. Otro, Martín Ferreiro, concejal de Obras y teniente de alcalde del Ayuntamiento de A Coruña elegido en 1931. Cuando estalló la Guerra Civil, el destino cruzó sus caminos.

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Reencuentro tras Mauthausen: «El morreu nos brazos de meu pai» Se hicieron amigos en un campo nazi del que solo uno logró salir. Reunimos por primera vez a sus descendientes

De las trincheras españolas, atravesaron la frontera francesa. Terminaron en un vagón con una única parada: Mauthausen. Gracias al trabajo de la Asociación pola Recuperación da Memoria Histórica que coordina la investigadora Carmen García-Rodeja (deportadosgalicia@gmail.com), los descendientes de los dos deportados han podido encontrarse.

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