Erosión


Qué difícil es ser bueno, consecuente y empático! Qué complicado mantenerse en lo que es justo, sin desviarse por comodidad, temor o sentido de la supervivencia!

Debe ser muy difícil ser médico y convivir con las limitaciones del servicio público de salud o ser maestro y no emplearse a fondo en la educación de los alumnos por la inercia del día a día y la rutina. Es complicado cumplir todos los días como uno cree que tiene que hacerlo, como le han enseñado, en todos los trabajos y ocupaciones, en cada jornada y cada momento.

Hay que vivir, es necesario aceptar que por más que nos empeñemos el mundo seguirá siendo muy imperfecto. ¿Vale la pena batallar? ¿Sirve para algo?

En Carballo unas madres dieron la batalla para que sus hijos fueran atendidos adecuadamente. Tenían claro que sus pequeños debían ser como los de A Coruña o Santiago e iguales a los de Zas o Laxe. Los pediatras llegaron, pero, como en otras ocasiones, la promesa no se completó y ser niño en la zona rural sigue siendo un lastre tanto en materia educativa como sanitaria.

Menos profesores, menos medios, menos médicos, más kilómetros, más tiempo perdido, más dificultades. Al final, los niños de la zona rural deben sobreponerse a un sistema que tiende a centrarse en las ciudades, en dejar el territorio no urbano vacío de gentes.

El Estado, cuando reparte el dinero de todos no tiene en cuenta si los contribuyentes viven dispersos o apiñados. No piensa que las gentes son como la vegetación sobre un terreno: sin ella no hay más que erosión.

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