PASABA POR AQUÍ
03 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.CONTABA BONILLA, el de las patatas fritas, que no consiguió tubérculos de Coristanco, lo que era su sueño, para llenar sus famosas bolsas. Y eso que lo intentó parroquia por parroquia. Ofreció un precio fijo y pidió que se le garantizase una producción. Pero nada de nada. «La gente te decía que no vendía, porque entonces no le quedaban patatas para llevar a la feria los jueves». Y lo mismo hace dos días en Paiosaco: «Non chas vendo porque non me quedan para vender o xoves». En el mundo moderno, ese de la mentalidad empresarial y de la producción, dan ganas de llevarse las manos a la cabeza. Parece que estamos condenados al subdesarrollo. En el mundo espiritual la cosa es bien distinta. Lo que importa, se ve, es hablar con el vecino, tomarse los chatos después de la feria y pasar un buen rato. A veces, el dinero no lo es todo en la vida.