Plazos y plazas en centros de día

Santiago Garrido Rial
Santi Garrido CRÓNICA CIUDADANA

CERCEDA

Los servicios públicos, los que se pagan con los impuestos de todos, son derechos y no privilegios, lo que no impide que reconozcamos que, en los últimos años, los avances han sido espectaculares en la Costa da Morte. Pero ya nos conocemos: cuando tenemos algo, queremos eso y queremos más, y hacemos bien en quererlo. Gracias a las exigencias colectivas se han ido consiguiendo objetivos. Pasa con muchas cosas. Con las residencias, por supuesto, también. No hace tantos años que parecía impensable tener una pública en Carballo (además de la privada), otra en Vimianzo y otra en Cerceda. Y vendrán más. Hay un cambio de ciclo demográfico sin vuelta atrás al que hay que darle respuesta, y ya se está haciendo. Con los centros de día, lo mismo. Fundamentales, pero todavía pocos para la demanda existente en una sociedad que se avejenta de manera imparable, y con enfermedades degenerativas que precisan atenciones expertos en unos tiempos en los que el mundo laboral ha modificado el sistema tradicional de cuidados en el hogar. Ya es tiempo pasado.

Reconocido lo bueno, también hay que hablar de lo mejorable. De situaciones sorprendentes que le ocurren de vez en cuando a algunos vecinos. Por ejemplo, a Doris Gómez Formoso, de O Ézaro. A mediados del mes de enero de este año solicitó plaza en el centro de día de Muros para su madre. Es de Carnota, pero ahora reside con ella en el municipio dumbriés. Muros es lo más próximo. No está al lado, pero es relativamente razonable. De hecho, hay vecinos de Corcubión o Fisterra, mucho más lejos, que también han logrado plaza en él.

La petición fue en enero, y la respuesta le acaba de llegar. Lo llamativo del asunto es que el centro que le asignan es.... ¡Cerceda! Nada que ver, ni por pertenencia comarcal ni por proximidad. Doris también reclamó el transporte adaptado, y se pregunta si, ya que le han dado esa plaza, se incluye además el traslado hasta la localidad cercedense, más de 70 kilómetros. ¿Ida y vuelta, a diario?

No lo va a saber, porque tiene diez días para contestar a la concesión de la plaza, aceptarla o renunciar, y dirá que no. Cree que su madre, de 81 años, con párkinson, no soportaría ese ritmo de idas y vueltas, así que mejor que esa plaza la ocupe alguien que la necesite y resida más cerca. Considera que lo más razonable sería Muros porque, según sus informaciones, hay plazas o, de no haberlas, podría quedar en lista de espera.

Es posible que esta notificación del sistema público que regula las plazas de dependencia sea una excepción, y seguro que en la inmensa mayoría de los casos las adscripciones están correctas. Pero algunas son, desde luego, muy llamativas.