Plumas con mando, por Alfonso Mariño | Bienvenidos, protones

alfonso mariño

CARBALLO

Alfonso Mariño Cotelo
Alfonso Mariño Cotelo ANA GARCÍA

Hace unos días se comunicó la instalación de diez unidades de protonterapia | Escribe el Jefe del Servicio de Oncología Radioterápica (Centro Oncológico de Galicia)

14 nov 2021 . Actualizado a las 23:57 h.

«La implementación de la protonterapia marcará un hito en el tratamiento del cáncer en Galicia»

Desde que en 1895 Röntgen descubrió los rayos X y Becquerel, junto con los esposos Curie, la radiactividad, ambos hallazgos abrieron grandes esperanzas a los tratamientos de múltiples enfermedades y fueron el germen de lo que hoy son los servicios de oncología radioterápica. La dotación que tenían en aquellos tiempos para tratar enfermedades era muy limitada y cualquier avance se ponía en práctica de inmediato para valorar su efectividad. Cierto es que las cosas han cambiado mucho, sobre todo en los últimos 25 años, debido al aporte que a ambos descubrimientos le sumaron la optimización de los sistemas informáticos utilizados para la planificación de los tratamientos radioterápicos y por descontado la gran evolución que han tenido las unidades de radiación. La apuesta de la industria tecnológica por esta mejora fue importante desde el momento en que se demostró que el tratamiento del cáncer constituye el paradigma de los tratamientos multidisciplinares. La intervención de varias especialidades con esa finalidad fue el multiplicador de la mejora en los resultados terapéuticos de esta enfermedad.

Hoy estamos inmersos en la renovación tecnológica de los servicios de oncología radioterápica de Galicia iniciada en el 2015 y que tiene una duración de ocho años. Disponemos de tecnología punta aportada por los aceleradores lineales de última generación que nos permiten realizar tratamientos precisos y con los mínimos efectos secundarios, algo que para los que llevamos como yo unos cuantos años, 30 en mi caso, trabajando con radiaciones para curar el cáncer, nos parecía inalcanzable hasta hace poco. Pretendo explicar con lo anterior que se ha producido en poco tiempo el mayor progreso de los últimos 50 años en nuestros servicios de radioterapia, sin duda para bien de todos los que necesitan recibir este procedimiento terapéutico en algún momento de la evolución de su enfermedad, que son el 70 % de los enfermos de cáncer. Estamos contentos con lo avanzado, hemos realizado un significativo esfuerzo de formación para adaptarnos a estas nuevas unidades y a las plataformas informáticas para la planificación de esos tratamientos (en este esfuerzo incluyo a todo el personal médico, físicos, operadores, dosimetristas, enfermeros...)

Hace unos días se comunicó a la sociedad la inminente instalación de unidades de protonterapia, diez en concreto, en todo el territorio nacional, merced a una nueva donación de la Fundación Amancio Ortega, gracias de nuevo a este mecenas. Me remito a la información recogida en el Libro Blanco de la Protonterapia editado hace unos días por la Sociedad Andaluza de Radiofísica Hospitalaria, comunidad en la que me formé como especialista en oncología radioterápica. En este libro se indica que desde mediados de los 40, Robert Wilson propuso, de forma teórica, los beneficios de los haces de protones para el tratamiento del cáncer y ese es el punto de partida de lo que hoy conocemos como protonterapia. Desde entonces son varios los centros en el mundo que usan este tipo de terapia y el de pacientes tratados ha ido creciendo de forma importante principalmente en los últimos quince años.

El tratamiento con protones es, en la actualidad, una prometedora realidad dentro de la radioterapia moderna, aunque su aplicación sigue estando muy limitada debido a la escasez de recursos. Los haces de protones tienen una doble ventaja con respecto a los rayos X de alta energía y a los electrones. Por una parte, puede conseguirse una disminución importante de la toxicidad, de los efectos secundarios y de la inducción de tumores secundarios radio-inducidos. Esta es una propiedad de especial utilidad en el tratamiento de tumores pediátricos o de aquellos que se encuentran en la proximidad de órganos de riesgo. Por otra parte, en aquellos casos en los que la radioterapia convencional no permita la liberación de la dosis necesaria para alcanzar el control de la enfermedad, debido a que la toxicidad previsible fuera inaceptable, la protonterapia permitiría escalar la dosis en tratamientos que serían potencialmente más efectivos para el control de dicha enfermedad, dando lugar a una mejora de la supervivencia sin incrementar los efectos secundarios. No obstante, la escasa disponibilidad de esta herramienta terapéutica obliga a establecer unos criterios claros en la selección de los pacientes subsidiarios de recibir este tipo de tratamientos, de manera que se pueda optimizar su uso racional.

Indicaciones muy claras

Es aquí donde quería llegar, hemos avanzado extraordinariamente en la radioterapia que llamamos convencional, realizamos tratamientos muy efectivos y con mucha menos toxicidad de la que teníamos no hace tanto tiempo, los pacientes pueden contrastarlo. Las unidades de protones tendrán que ir ganando espacio poco a poco, no deben ser un elemento disruptor en los servicios de oncología radioterápica, todo lo contrario, son un valor añadido importante y que debemos manejar con indicaciones muy claras. Ese mismo Libro Blanco de la Protonterapia deja claro cuáles son las indicaciones de los tratamientos con protones en este momento y dice que el uso de la protonterapia está especialmente indicado sobre todo cuando aporte un beneficio claro adicional, en términos de protección de tejido sano peritumoral, frente al tratamiento convencional.

Un beneficio claro para los pacientes con cáncer

A día de hoy, las enfermedades en las que está plenamente justificado el uso de protones en determinados situaciones está bien claro y justificado y sería largo de relatar para lo que hoy nos ocupa.

Además de otras muchas consideraciones, estas me parecen de momento las más importantes, y si insisto tanto en manifestar los avances de la radioterapia convencional y las indicaciones del tratamiento con protones, lo hago para no crear falsas expectativas, evitar malas interpretaciones en un futuro que ya es inmediato y evitar que una vez puestas en funcionamiento las unidades de protones pensemos que todo lo demás no sirve para nada, y cuando digo todo lo demás me estoy refiriendo a los tratamientos que actualmente realizamos con aceleradores lineales de última generación.

María Jesús Fuente

Ni de lejos esto va a ser así, serán tratamientos coexistentes e incluso complementarios, pero nunca, al menos en los años venideros, tal vez 15 o 20 años, los protones serán un elemento disruptivo en los servicios de oncología radioterápica.

Algunos no veremos esa transmutación.

Dicho esto, bienvenidos a Galicia los protones, se ubiquen donde se ubiquen, conformarán un beneficio claro para los pacientes con cáncer, que cumpliendo con los criterios e indicaciones que antes he comentado de los datos extraídos del Libro Blanco de la Protonterapia, deben ser tratados con ellos.