Lista de espera de 130 niños para las guarderías públicas de la Costa da Morte

Las escuelas infantiles privadas y alguna municipal abrieron ayer sus puertas con buena parte de sus plazas cubiertas

A. García
Carballo / la voz

Más de 400 niños menores de 3 años de la Costa da Morte tienen plaza en las guarderías públicas de la Costa da Morte, que abrirán sus puertas el viernes, pero hay otros 130 a la espera de una plaza. La lista es más larga que la del curso pasado, lo que pone de manifiesto que el covid no ha cambiado los planes y las necesidades de conciliación de los padres. De hecho, también son más los pequeños que sí tienen un hueco en las escuelas infantiles. La demanda ha aumentado y tampoco es menor en las guarderías privadas, que abrieron sus puertas ayer con bastante matrícula.

En los centros A Galiña Azul, las mayores listas de espera corresponden a Carballo, donde hay un centenar de niños que no han podido entrar, pero lo más curioso es que hay listas incluso en centros en los que no era habitual, como en Zas. Tampoco han podido cubrir toda la demanda en Malpica, Ponteceso y Coristanco.

Otra de las novedades es que cada vez son más las inscripciones de menores de un año, que en la zona son 30, de los que más de la mitad están en Carballo. Los mayores problemas se registran en el grupo de niños que van de 12 a 24 meses. No es el grupo más numeroso, pero hay pocas plazas. Ahí es donde se concentra el grueso de la lista de espera.

Los que predominan son los mayores de dos años, pero en esta franja es en la que hay mayor oferta. En cuanto a los servicios, el de comedor es demandado por la mayor parte de los padres, sobre todo por lo que respecta a Carballo. A pesar de todo, las responsables de las escuelas infantiles, tanto privadas como públicas, refieren la preocupación de los padres por las posibilidades de contagio, pero también señalan la necesidad que tienen del servicio para poder llevar adelante su vida profesional, truncada en muchos casos a partir del estado de alarma, cuando se cerraron los centros.

Mascarillas a partir de los 3 años, como recomendación, y padres a la puerta

Este año las madres, que son mayoría, se quedan en la puerta. Es lo que marca el protocolo que ha impuesto la Xunta para las escuelas infantiles. También la obligación de las mascarillas, que, por otra parte, no es lo que peor llevan los pequeños, según explican las directoras de las escuelas. Son obligatorias a partir de los 6 años y recomendables desde los 3. Eso y limpiarse las manos con gel hidroalcohólico parece que es algo totalmente asumido, al menos el primer día. «Se han comportado de forma muy responsable», dice Noelia Vila, que durante la semana pasada estuvo atendiendo las dudas de los padres. La principal responsabilidad para ellos es no llevar al hijo enfermo al centro. De hecho, todos los días deben tomarse la temperatura ellos y el pequeño y cubrir un pequeño cuestionario que se lleva junto al niño. Además, prima la desinfección.

La distancia social es el caballo de batalla con los más pequeños

Verónica Regueira, de As Estreliñas, reconoce que «o de gardar as distancias fáiselles complicado. Non o acaban de entender». El problema que puede suponer eso se palía con las aulas burbuja, grupos de convivencia cerrados para aislar el virus en el caso de que se produzca algún positivo. Hay menos posibilidades de que venga de las cuidadoras, porque todas se sometieron al correspondiente PCR, que fue negativo. Coincide con Noelia Vila, de Xílgaros, en que los usuarios tenían muchas ganas de volver, aunque reconoce que a algunos les ha costado un poco más porque han pasado casi seis meses desde la última vez que se vieron y eso ha hecho que alguno de los regresos fuera complicado. En ninguno de estos centros han tenido bajas, aunque sí se han realizado alguna matrícula nueva menos, pero han sido muy pocas. Las guarderías privadas carballesas suman unos 170 niños. En la mayor parte además tienen servicios complementarios con alumnos incluso hasta las 12 años.

«Esperabamos menos matrícula»

La directora de la escuela municipal Os Vimianziños, de Vimianzo, Adriana Fernández, reconoce que esperaban menos demanda, aunque reconoce que bajó algo la matrícula, sobre todo porque muchos padres están esperando a ver cómo se desarrolla el inicio del curso para enviar a sus hijos. Hay preocupación. «A xente ten medo, tódolos papás transmiten medo. Nós tentamos reconfortalos, explicar un pouquiño o que estamos a facer e quedan máis tranquilos», dice.

Está convencida de que los padres se ven obligados a llevar a sus hijos «polas necesidades de conciliación». No queda más remedo. «A vida segue», dice.

«Hai que empezar, está claro»

Luz Ramos es autónoma y madre de una niña de 18 meses que hoy comenzará la guardería. Ayer acudió a Os Vimianziños para recoger documentación y dejar algún material de la pequeña. Explica que le han dado información de todo, pero tiene claro que nadie le ha podido garantizar nada. «A seguridade ninguén a ten», dice. Tiene claro que sin este servicio «non hai maneira de conciliar» y que en algún momento hay que empezar a vida normal. Llevar a su hija a la guardería es la única forma que tiene para llevar su negocio, ya que no ha podido conseguir más ayudas para el cuidado de la pequeña en un entorno más aislado.

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