Los concellos aún tienen mucha deuda con los represaliados

Apuntes históricos | Salvo algunas excepciones, el olvido es la regla general en los municipios de Soneira y Fisterra


En las últimas elecciones municipales el mapa del partido judicial de Corcubión se tiñó de rojo. No es la primera vez en la actual democracia. En esta esquina atlántica, el bloque de izquierdas se impone frecuentemente, con el PSOE y los nacionalistas del BNG. Sin embargo, este claro apoyo a los partidos progresistas no se ha traducido hasta ahora en cumplir la Ley de Memoria Histórica, en reconocer institucionalmente, recordar y dignificar a los represaliados del franquismo, en devolverles el nombre a los sacrificados por pensar distinto y por luchar por derechos democráticos hoy vigentes.

La memoria es un acto de voluntad. Para que haya memoria hay que querer recordar, individualmente o como sociedad. El pasado 16 de junio vimos la noticia, comunicada por el coordinador comarcal del PSOE, Lalo Insua, de que «é hora de que se mire algo pola memoria histórica», noticia que es de esperar y desear no quede en el mero acto simbólico de colocar un ramo de flores en el conjunto escultórico de Álvaro de la Vega, en Cee, lugar donde sí se refugia la memoria, y estén los nuevos mandatarios a la altura de los tiempos.

Primeros albores

En la actualidad, el estado de esta cuestión, después de más de 40 años de democracia, se encuentra en los primeros albores. Y, ahora, que ya se formaron las corporaciones hay que recapitular.

El Concello de Camariñas, por ejemplo, con gobiernos del PSOE 40 años, nunca recordó ni reconoció institucionalmente a los vecinos que el franquismo asesinó o encarceló o depuró laboralmente, o expropió económicamente, o represalió psicológicamente... Entre 1936 y 1938 fueron fusilados o paseados Ramón Carballo Tajes, Andrés Celestino Balsas Bello, Manuel Carracedo Balsas, Jacinto Campaña, Pacífico Campa Santos, Adolfo Antonio Grela, Faustino Dios Vidal, Juan Fernández Moreira, José Campa Santos, Antonio Santos, Castañiñas..., y pasados 80 años de su muerte nunca les han reconocido ni recordado, ni dignificado, apresurándose las sucesivas corporaciones a darlos por olvidados, a dejarlos atrás con alivio, traicionando raíces ideológicas y también partidistas.

Indignidad

Ahora, la nueva alcaldesa, Sandra Insua, quizás pueda, y quiera, reparar tanta injusticia, abandono, marginación e indignidad vertida por el franquismo, y resarcir moralmente a los familiares, elevándoles la autoestima y poniéndose en su lugar. Esto es, empatizar con ellas, y devolverles el orgullo de ser descendientes de aquellos demócratas sacrificados, que siguen con un dolor heredado. Por eso, la mandataria tiene el reto de crear en Camariñas las condiciones necesarias para que los familiares de los represaliados sacudan silencios y miedos; familiares a los que dejaron solos más de 80 años, con hijos con infancias perdidas y mal sobreviviendo en el ambiente hostil.

También en Muxía existió silencio hasta ahora. José Agnes Agnes, marinero, sindicalista de la UGT, socialista por tanto, fue condenado a 20 años de prisión. Manuel Barrientos, igualmente de la UGT, a 20 años. Y trasladado posteriormente al penal de San Cristóbal de Pamplona resultó muerto al participar en la fuga masiva del 22 de mayo de 1938. Antonio Blanco Castro, oficinista, de la UGT, fue condenado a 20 años. Manuel Búa Marcote, marinero, de la UGT, a 12 años y un día, y Emilio Conde Martínez, militar, tripulante del buque Contramaestre Casado, a cadena perpetua. Y los marineros José Gómez Hernández, Carlos López Pérez y Carlos Sar Marcote estuvieron presos en el campo de concentración de la isla de San Simón. Y más represaliados depurados laboralmente como Gonzalo López Abente o el médico Alejandro Abella, entre otros, o sancionados económicamente, o agredidos por guardias civiles y falangistas... y aunque no fue una represión tan grave como la de Camariñas o Cee, nada se ha hecho tampoco.

En Vimianzo, gobernado por el PSOE muchos años, tampoco se hizo nada. Fue una asociación, Adiante Soneira, quien organizó un homenaje colocando en los accesos del castillo medieval una placa de bronce en un monolito a ras del suelo y varias jornadas y homenajes por las anteriores corporaciones del BNG y Adiante Vimianzo.

En Zas, un concello gobernado por la derecha muchos años, y ahora por el BNG, nada hicieron para recordar institucionalmente a las autoridades municipales y funcionarios que sufrieron prisión y represión económica y laboral. Manuel Costa García, presidente de la agrupación local de Izquierda Republicana sufrió cárcel acusado de rebelión militar y condenado después a la pena de muerte, conmutada por cadena perpetua; el secretario de la agrupación, José Rodríguez Gómez, acusado de rebelión militar y a pena de muerte, y también conmutada. El oficial primero del concello, Luis Cereijo Mosquera, fue depurado de su puesto de trabajo y condenado a muerte, conmutada, y también fue depurado el funcionario Manuel Díaz Martínez.

En contraposición a los anteriores, en Cee los políticos del PSOE pronto reaccionaron y cuando en Corcubión nombraron Hijo Predilecto, a título póstumo, a Pepe Miñones, el alcalde de la Xunqueira, Manuel Lamela Lestón, me confesó su intención de organizar un homenaje a los represaliados del 36, con un conjunto escultórico levantado en el relleno, aunque el texto en la placa de bronce ignora los nombres de los ceenses asesinados.

En Dumbría, gobernada también por el PSOE, el alcalde, José Manuel Pequeño, que sigue gobernando en la actualidad, organizó en noviembre de 2006 en la casa de cultura de Berdeogas, a propuesta de la Comisión de Recuperación de la Memoria Histórica de A Coruña, unas jornadas de homenaje a Máximo Injilde Maceiras, un dumbriés fallecido en Francia en un enfrentamiento armado con los nazis y a otros tres individuos originarios del municipio fallecidos en el campo de exterminio de Mauthausen.

Y, Fisterra, fue el único concello en el que el PP patrocinó unas jornadas en homenaje al alcalde paseado, Cipriano Fernández, promovidas hace años por un grupo de inquietos jóvenes locales. No obstante, el PSOE, que gobernó antes durante un mandato, y sigue ahora con el BNG, nada hizo. Ni con Ramón Lamela Marcote, asesinado en Mauthausen, ni con los exiliados y demás represaliados, y sigue sin cambiar físicamente la placa de la calle que homenajea al falangista Manuel Lago Pais.

Por su parte, Corcubión, en donde gobernó el BNG en una primera y larga etapa de la actual democracia, fue pionero en homenajear a los represaliados del franquismo por medio del diputado por Unión Republicana e hijo del pueblo, Pepe Miñones. Indudablemente, Corcubión es un ejemplo elocuente de como se recupera la memoria histórica de sus hijos asesinados, consolidándose como uno de los referentes en la recuperación de dicha Memoria Histórica: una calle dedicada a Pepe Miñones, un monolito con placa frente a su domicilio, el nombramiento de hijo predilecto a título póstumo, conferencias y charlas sobre su figura, ofrendas florales...

Los historiadores, además de incomodar y sacudir conciencias, somos el antídoto del olvido. Pero ahora son los demás, en este caso las corporaciones locales, los que deberían tomar conciencia y actuar. Esperemos que el establishment político actual no escatime el reconocimiento institucional a esta gente.

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