Ellos se dicen «te quiero» en la cancha

Son muchas las parejas sentimentales que también comparten la pasión por el deporte


carballo / la voz

Hoy es el día de San Valentín. Serán muchas las parejas que hagan un plan especial para celebrarlo, ya sea en la propia jornada o bien en el fin de semana. En cambio, otras tantas no harán nada más que seguir con la rutina. Pero es que su día a día ya consiste en pasarlo juntos, haciendo lo que más les gusta: deporte. Son parejas que se complementan a la perfección ya no solo en el aspecto sentimental sino, también, en lo deportivo. Desde practicarlo a encabezar, de la mano, grandes proyectos.

Un buen ejemplo son Matías Navarrete y Luciana Mariani. Nacido en Buenos Aires en el año 1987, formó parte de la cantera del histórico Boca Juniors y llegó a ser futbolista profesional con tan solo 19 años. Entrenó con el primer equipo, pero un día tuvo que hacer las maletas. Pensó que se iba a comer el mundo, pero la realidad fue otra. Pasando por un rosario de equipos de múltiples ligas, conoció la peor cara del fútbol: la presión y la competitividad, que se convirtieron en una pesada mochila en sus hombros. Pero todo cambió al llegar a Galicia y, concretamente, a Carballo.

«Me surgió la posibilidad de fichar por el Bergantiños en el año 2015 y no nos lo pensamos. Mi mujer siempre me acompañó en la persecución de mis objetivos», recordaba ayer. Pero lo que vino a continuación fue una vida de ensueño. Sobre todo, desde que empezó a formar parte del Sofán. Matías volvió a disfrutar del fútbol, ya no solo como jugador sino, también, como entrenador. Pero es que además, fundó una escuela de fútbol que, más tarde, pasó a estar integrada en la Agrupación Deportiva Un Paso Máis y, desde hace medio año, se llama Awen y abarca, además, otro tipo de actividades. El barco más reciente al que el argentino se ha subido es el Sofán Aspaber de la LaLiga Genuine Santander.

Todos estos proyectos tienen algo de especial. Y en todos, lo acompaña su mujer, Luciana. Ella hizo un curso de sociología para trabajar con personas con algún tipo de discapacidad funcional o intelectual. «Tiene mucha empatía con ellos», asegura Matías. Así fue cómo sumaron capacidades y aspiraciones y ahora dan salida, juntos, a una necesidad deportiva no cubierta en Carballo hasta el momento.

Hacen un gran trabajo por la inclusión y la respuesta es «espectacular», cuenta Matías: «Al vivirlo tan intensamente, hay una retroalimentación y un avance increíbles. Son gente con muchas capacidades». Por todo ello aunque el día de hoy lo vivirán trabajando, serán «muy felices» haciéndolo. Dice el futbolista que, si les sobra tiempo, aunque ya hace años que esto no les sucede, se irán juntos al gimnasio o a caminar.

Más clubes a raíz del amor

Historias como esta hay muchas en la Costa da Morte. Véase la de Juan Carlos Díaz y la de Graciela Toba. Juntos dirigen el centro Arte e Movemento en Cee, de taekwondo y baile deportivo. Un proyecto que nació de su propia experiencia personal, luego de él practicar artes marciales antes de conocerse y, una vez emparejados, competir agarrados durante más de un decenio y por todo el mundo en las altas esferas del baile de salón. Para ellos, una clase moviendo las caderas al ritmo de la música será más que suficiente para pasárselo en grande en el día de hoy.

De nuevo en Bergantiños, encontramos el ejemplo de Juan Seoane y Vanessa Loureiro. Ella, como presidenta, y él, como director deportivo, dan continuidad al longevo Club Ciclista Carballo. También están los casos de Dolores Viña, presidenta del San Lorenzo de Segunda Autonómica de fútbol, y de María del Carmen López, mandataria del Laxe, de Tercera. Ambas asumieron el cargo más alto de estos clubes para compartir la experiencia con sus maridos, siempre vinculados a las respectivas directivas.

Practicar deporte de la mano

Pero hay otros muchos casos de parejas en los que lo que se lleva es practicar deporte juntos. A ese grupo pertenecen Monse Solís e Iván Romero, de Zas. De hecho, se les pudo ver juntos en el Trail da Filloa del pasado fin de semana. Fueron primera y primero locales en el recorrido corto y largo, respectivamente. La zasense confesó ayer que no suelen correr trails, sino carreras populares, pero que en este su participación era «obrigatoria» al ser del municipio: «Hai que colaborar sempre», comentó.

Antes de conocerse, esto es, hace cinco años, no practicaban atletismo y, en el caso de Monse, ejercicio en general. Pero una vez juntos, Iván tiró de ella para ir al gimnasio y allí fue donde empezó todo: «Foi Javier Novo, técnico no ximnasio de Vimianzo naquel momento, o que nos pegou o bicho por correr», confiesa Monse. Así es cómo empezaron a asistir casi todos los fines de semana a alguna prueba, acompañados por un grupo de amigos. Eso sí, cada uno por su lado: «Apoiámonos o un ó outro, pero cadanseu ó seu ritmo», explica ella que, asimismo, aseguró que hoy celebrarán San Valentín en la cinta.

De no practicar ejercicio a engancharse hasta la médula en pareja

Historia similar a la de Monse e Iván es la de Mari Carmen Vázquez y Miguel Amado, de Ponteceso. Cuando era joven, quería estudiar INEF, pero al quedarse embarazada de su primera hija, Miriam, dejó su sueño aparcado. No obstante, cumplidos los 40 años, lo retomó de una forma peculiar. Comenzó a hacer rutas de senderismo con su marido y, luego, a participar en el Circuíto Correndo pola Costa da Morte. En las pedestres, Miguel le hacía de fotógrafo, hasta que un día decidió cambiar la cámara por las zapatillas. Y a ellos se unió su hija Miriam. Tal fue la afición por el atletismo que surgió en la familia, que los animó a crear la Agrupación Deportiva Abellariza, entidad desde la que fomentan la práctica del ejercicio.

Y es que para historias, las que se dan, precisamente, en el Circuíto Correndo pola Costa da Morte. El actual padrino de esta iniciativa, el vimiancés Damián Espasandín, fue el que metió en el mundo del atletismo a la camariñana Paula Esteiro. Por aquel tiempo, era solo un entrenador, pero con el paso del tiempo, acabaron siendo compañeros de vida y de aventuras. Varias veces al mes recorren España y otros países en busca de lograr las mejores marcas en carreras de obstáculos, su especialidad. Entrenan a diario juntos en Dumbría y en Cee, donde siguen siendo profesor y alumna.

De Venezuela a Cee

Pero para verdadera historia de amor, la de Néstor González y Johemi Corro. Él, jugador profesional de voleibol y, ella, más de lo mismo, pero en patinaje de velocidad, abandonaron Venezuela ya hace unos años para instalarse en Cee en busca de la tranquilidad. Cada uno con su deporte, se apoyan mutuamente a kilómetros de distancia de su familia. Él juega de opuesto en el Vóley Dumbría de Superliga 2, siendo el máximo anotador del equipo, mientras que ella disfruta de su pasión en la zona del Recheo.

El regalo que se harán todas estas parejas en San Valentín será el más profundo, sentimental y, por encima, saludable: hacer deporte.

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