Los guardianes del patrimonio religioso de iglesias y capillas

Elementos de gran valor y antigüedad se custodian en casas de vecinos por seguridad y comodidad


carballo / la voz

Cada vez hay menos curas; por tanto, menos casas rectorales, y determinados elementos patrimoniales de gran valor tienen que buscar acomodo en otros lugares que no sean la iglesia, por el evidente riesgo de robo, algo, por desgracia, muy habitual en la Costa da Morte. Ahí es donde entra la colaboración de los feligreses, que en algunos casos se remonta a decenios, y en otra es más reciente.

Entrecruces

Del primer caso hay un ejemplo en Entrecruces. La valiosa cruz procesional de plata, con ribetes de oro, antiquísima, se guarda en una casa de San Paio, que este martes celebró su romería de San Paio Xaneiro, de las que sirven para abrir el año y que antiguamente atraía a centenares de personas. A la capilla y a su fuente, tal vez injustamente olvidada. La cruz está en manos de Matilde Vázquez Carracedo, quien lleva en San Paio 60 años, aunque no llegó de lejos: de A Granxa, uno 700 metros de subida y bajada.

La cruz se saca en enero, pero también por San Pedro y por el Carmen, además de por las fiestas grandes de agosto y por el Corpus. Imposible saber, por tradición oral, cuántos años lleva en la parroquia: solo queda consultar los libros de fábrica. Un pariente directo, de 96 años, ya la recuerda de muy niño, y además por una travesura con sus filigranas. Este tipo de cruces están ligadas a la memoria personal de centenares de fieles. Y hay casos que marcan a toda una comarca, como la de Santa Cruz de Serramo, en Vimianzo.

Entrecruces, tradición de figuras de santos y santas

Entrecruces se conoce ahora sobre todo por la cascada, por cierto en San Paio, y ante especialmente por las cerezas, pero su historia está también muy ligada a episodio religiosos. El más importante, la imagen de la Virgen que (supuestamente) lloraba., todo un fenómeno estatal que atrajo peregrinos de media España, y que varias generaciones aún siguen recordando.

Fue más célebre de lo que es el San Paio de piedra que corona la fuente del lugar, y seguramente no lo es como debiera el cruceiro de la iglesia principal, cuyo fuste está plagado de protuberancias o bulbos idénticos a los que abundan en una zona de la Bretaña, levantados para poner coto a la peste y que tan bien glosa Castelao.

En Entrecruces, la figura de San Paio recorre toda la parroquia en la parte posterior de un vehículo, con el maletero abierto, como saludo previo al día de la fiesta. Hasta hace muy poco, como en tantos lugares (la costumbre se va perdiendo) una representación de la Sagrada Familia pasaba de vivienda en vivienda a pasar la noche, iluminada con velas.

San Paio Xaneiro (do de A Devesa, por nombres no queda) es, en realidad, San Paio Ermitaño, santo que no existe, pero tal vez ligado a San Antón Abad, que sí lo era.

Otra singularidad, a la que hay que unir que su retablo, por suerte restaurado (hace 15 años) es renacentista (no el barroco habitual). Y no hay muchos así ni en capillas ni en iglesias gallegas.

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