Conmemorar el medio siglo de la vida de Feiraco era casi una obligación ética. La cooperativa ha permitido que una zona escasamente desarrollada como el Val do Barcala no acabara como otros rincones del país, perdiendo población y sumiéndose en un futuro inexistente. Ese valle es hoy pujante dentro de lo que es posible utilizar ese adjetivo en Galicia, tiene un nivel de vida relativamente alto, está dotado de servicios y hay empresas que nacieron y medraron al rebufo del avanzar de la cooperativa.
Por eso, con medio siglo entre el parto y hoy, solo puede verse con simpatía aquel momento en que en el casino de Negreira se buscaron apoyos para llevar adelante una idea que entonces sonaba demasiado atrevida.
Fue Jesús García Calvo -ya fallecido- el que estuvo al frente del proyecto. Es lógico y humano que se le recuerde. Aunque nadie es perfecto y, desde luego, él no lo fue. No ya porque arrasara un castro para construir encima su vivienda, sino porque con mano dura expulsó de Feiraco a labregos que defendían esa por entonces -¡15 de junio de 1975, en plena dictadura!- maldita palabra que era democracia.
A todos ellos -expulsados o no, pero defensores honrados del mundo rural gallego- hay que recordarlos con orgullo. Los nombres de Pancho Vello, Pepe Lañas, Cándido Iglesias, el cura de Ordoeste, el de Cabanas, Domingos Freire, Romarís, Pepe Trillo, Filomena de Calo (¡infatigable luchadora contra la abusiva cuota empresarial agraria!) y tantos más que se han perdido en el agujero de la memoria estaban flotando en el ambiente del Hostal la semana pasada durante la celebración de la efeméride, mal que le pese a algunos. Porque la historia oficial nunca es la única verdadera.