«Eu cría que eran mortos de aquí»

El 4 de marzo del 2001, un autobús y tres turismos cayeron al Duero en el puente entre Castelo de Paiva y Entre-os-Rios. Murieron cincuenta personas, y el mar trajo siete a Galicia. Ernesto Rivera lo vio todo

;
«Eu cría que eran mortos de aquí» El 4 de marzo de 2001, un autobús y tres turismos cayeron al Duero en el puente entre Castelo de Paiva y Entre-os-Rios. Murieron 50 personas. Siete llegaron a Galicia

carballo / la voz

El 7 de marzo del año 2001, sobre las 9.20 de la mañana, apareció el cadáver de una mujer a pocos metros del dique de Fisterra. Fue divisado por la tripulación del Temerario, un pesquero que acaba de desguazarse hace un mes. Era de Ernesto Rivera, que andaba a los miños. El día antes no había salido, por temporal, y esperó a que abriese el día, «porque non estaba o tempo ao 100 %». Fue dar la vuelta a la punta del muelle y ver el cuerpo, boca abajo. Un marinero lo avisó: «Acabamos de pasar un cadáver», fueron las palabras. «Sería outra cousa», pensó Ernesto. Pero giró y comprobó que era una mujer. Llevaba un sujetador y unas mallas, que al principio pensó que se trataba de un traje de neopreno, tal vez una mariscadora. Ernesto llamó a Salvamento Marítimo de Fisterra. Habló con los marineros por si lo ayudaban a izarlo, pero eran gente joven y prefirieron no hacerlo, les daba reparo, así que esperaron por la llegada de la lancha Ara Solis, de la Cruz Roja, la misma que había participado en el rescate del Cason y que lleva años abandonada pese a su brillante hoja de servicios. Mientras no llegaba, Ernesto decidió dar vueltas alrededor del cuerpo para alejar a las gaviotas, que ya revoloteaban. Y en ese lapso se acercó el Nuevo Alaska, otro pesquero: se arrimaron al cadáver, lo izaron a bordo y los dos barcos regresaron al puerto fisterrán.

Página de La Voz en la que se narra el desconcierto vivido en la Costa da Morte
Página de La Voz en la que se narra el desconcierto vivido en la Costa da Morte

Allí, a la espera de las autoridades, varias personas identificaron a la mujer como alguien de la zona. Tal vez una mariscadora, pero a Ernesto no le cuadraba, porque la jornada anterior no había salido nadie. Un guardia civil le vio unos cristales, y entonces pensaron que se trataba de un accidente. El armador decidió hacer tres barridos por las calas de la zona. Y nada.

Los acontecimientos se fueron precipitando. Unos minutos más tarde apareció otra mujer en la zona de Corbeiro. Un día más tarde, el 8 de marzo, se localizaba en Camariñas otro cadáver, en Lago. Horas más tarde, un percebeiro de Muxía encontraba el cuerpo de otra mujer junto al muelle. Ese día se localizaron tres asientos de autocar en el entorno de O Ézaro. En Brens, en Cee, seis más, y dos reposacabezas.

Ya todo empezaba a cuadrar, pese a la incredulidad inicial. «Ao principio, eu cría que eran mortos de aquí», reconoce Rivera. Pero las marcas en el sujetador (made in Portugal, una etiqueta de Coímbra), un reloj con una hora antes... Todo enlazaba con el accidente ocurrido el día 4 sobre el río Duero, no muy lejos de Oporto, cuando se derrumbó un puente y se precipitó al agua un autobús, además de tres turismos. Murieron los 53 ocupantes del autocar, dos de otros tantos coches, y cuatro (un matrimonio con sus dos hijos) en el tercer automóvil. En total, 59 víctimas. Parecía impensable que llegasen a la costa gallega, a más de 200 kilómetros, pero las fuertes corrientes los fueron llevando. Quedaría aún un quinto cadáver por hallar, en Portocelo (Camariñas), el 9 de marzo, y el sexto, en As Aritas (Cee). El séptimo que llegó a aguas gallegas tardó unos días más y fue bastante más al norte de la Costa da Morte, en el litoral de Cedeira. En total, lograron recuperarse 23 cuerpos de los 59 fallecidos. Los otros 36 se perdieron para siempre. Un año más tarde, el alcalde declaraba que «a culpa aínda está solteira», aunque habían dimitido el ministro de Equipamiento Social, además de tres secretarios de Estado. Rivera cree que en Fisterra o en la Costa da Morte debería de haberse hecho algún acto de homenaje a los diez años, o los quince, de la tragedia, que poco a poco se va olvidando. Él no: recuerda con gran detalle todo lo que pasó aquellos días, aunque no le impresionó. Hombre curtido en el mar desde niño, ya había ayudado a recuperar muchos cadáveres.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
12 votos
Comentarios

«Eu cría que eran mortos de aquí»