Un homicida en potencia


Conduce por ahí bebido y drogado y no es la primera vez que lo hace. Que acabe provocando un accidente mortal es cuestión de tiempo, porque posibilidades las tiene todas. Ese homicida en potencia no tiene edad o sexo y lo mismo lleva un microcar que un camión o un autobús escolar.

Es igual las veces que le hayan retirado el carné o incluso que le haya confiscado el coche, siempre encontrará la manera de tener acceso a un auto para ir a trabajar o de verbena. Un día matará a un policía local o a una familia que va a comer a casa de unos parientes un domingo por la mañana. Es posible que sea la única manera de sacarlo de la carretera, pero entonces será demasiado tarde.

Es posible también que camine por la autovía desorientado o que en un momento de enajenación o de despiste enfile la autopista en dirección contraria.

Ese homicida en potencia volverá una y otra vez a ponerse tras el volante y una y otra vez será interceptado por la policía porque conduce demasiado deprisa, hace eses o se sube a la acera. En el peor de los casos porque ha ido a parar contra otro coche o contra una pared.

¿Tendrá que matar a alguien para que se tomen medidas? ¿Cuántas veces se le puede retirar el carné a una persona sin poner los medios para evitar que vuelva a conducir?

Y no hace falta que esté borracho o drogado, es suficiente con que sea suficientemente irresponsable como para saltarse la ley a sabiendas. Basta con que conduzca cuando le han retirado el carné porque ha perdido todos los puntos.

Los reincidentes en cuestiones de tráfico no son los niños malcriados que se niegan una y otra vez a comerse el brócoli o a guardar los juguetes. Ni siquiera son como el adolescente que no estudia e incluso fuma. Tampoco como ese descuidero que se lleva algunos perfumes de una tienda. El reincidente, sobre todo el ebrio y drogado, es como el que entre a robar un banco con una recortada. Es posible que no la utilice, pero lo más probable es que sí lo haga y que alguien resulte herido o muerto.

Ese homicida en potencia no se considera un delincuente, es un ciudadano que vota y que incluso tiene un trabajo y una familia. A lo mejor es simpático y generoso, el que paga las rondas y arma la fiesta donde quiera que vaya.

También es el que pondrá de luto a una familia, dejará a un muchacho en silla de ruedas, destrozará el coche de un trabajador o un estudiante que lo necesitan o embestirá la pared de la casa de un anciano y le dejara un boquete por el que entrará el frío del invierno.

Es ese homicida en potencia del que todos sabemos. No dejemos que conduzca.

Autor crÓNICA CIUDADANA

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