Velar en casa ya es excepción

Santiago Garrido Rial
S. G. Rial CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO

Las funerarias son un sector sólido y potente en la Costa da Morte

31 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay pocas comarcas en Galicia que tengan tal densidad de tanatorios como la Costa da Morte, fruto del empuje de un sector sólido y potente, que ha crecido a gran velocidad, abriendo negocios y fronteras. Pero eso también obedece a que cada vez son más los vecinos que apuestan por velar fuera de casa. Hace diez o quince años, tal vez la mitad, y hace más de veinte, salir al tanatorio era la excepción. «Hoxe, o 99 %  queren tanatorio», apunta Manuel Pombo. «Case todos», indica Ramilo. «Ás veces os viaxantes bromean con que aquí hai máis ca restaurantes. Hai sitios de Castela e León nos que se teñen que desprazar ata 80 quilómetros», añade. «O raro é que o fagan na casa. Nós levamos dous esta temporada», indica Rodríguez Canay. José Antonio Amarelle que el cambio ha sido radical. «O 98 %», calcula Bello. No hay duda ya de que los tiempos han cambiado. Pero, ¿tanto como para apostar ya por la incineración? De momento, no tanto. Para Bello, es una «moda», porque al final es un coste a mayores, no saben qué hacer con las cenizas y «todo o mundo ten panteón». Pombo y Amarelle. Pombo tiene otra visión: «O futuro está na incineración». También Amarelle. A veces se pide por si acaso en las pólizas, comenta Ramilo. Pero en las aldeas aún algo anecdótico.

Numerosas instalaciones

Quien recorre habitualmente la comarca sabe que hay tanatorios en casi todos los concellos. Pombo no lo ve normal. «Noutros sitios hai menos, aquí hai algunha localidade pequena que ten dous. En cidades coma Elche tamén hai dous, e os dous do mesmo dono». Y eso, al final, ?dice? genera muchos gastos y algunas inversiones no se recuperan, o cuesta hacerlo.

Contención en el el gasto y precios dispares

Parece una obviedad, pero no conviene olvidarlo a la hora de contratar: no hay un precio unitario para un entierro, depende de lo que cada cual pida a mayores. Algunos de los consultados señalan que incluso se podría hacer por 1.500 euros, pero claro, con lo mínimo. A veces, pasa: una persona solitaria, sin familia o pocas relaciones, que no quiere nada en su despedida. Claro que lo  habitual es otra cosa. Más de 2.000 euros, prácticamente siempre, y hasta unos 4.000, con especial énfasis en los 3.000, podría rondar una media muy amplia. 

El ataúd, por ejemplo, ya influye mucho. Aquellas de 2.000 euros y más (que las sigue habiendo) han dado paso a  preferencias hacia otras más aquilatadas, de 800 o por ahí. Pero en esto, como en todo, también depende. Va por parroquias, capacidad, lo que haga el vecino, el gusto de cada uno.  «O que gasta, gasta en todo, e o que é sinxelo na vida, tamén na morte», concluye Bello. Las coronas, el número de curas,  las líneas de autobús (ya casi no se ponen), las esquelas... Todo suma y cada cual decide por gustos o posibilidades, como siempre ocurrió. 

Los empresarios se quejan de que la subida del IVA les ha bajado los beneficios. Por ejemplo, en determinadas pólizas el capital sigue siendo el mismo, pero el coste para ellos ahora es mayor, y no queda otra que soportarlo. Y cada vez hay más clientes con pólizas de decesos. «No rural a xente gasta un pouco máis que noutras áreas», indica Ramilo.

Hay muchos otros aspectos relacionados con los entierros. Por ejemplo, ya se empieza (cada vez más) a poner hora para las velaciones. No ininterrumpidamente, como se hace habitualmente, indica Bello. Algo que al final agradecen todos. Y los cadáveres que llegan de la emigración son menos. «Nada que ver con hai 20 anos», dice Rodríguez.