Muchas ascuas para las sardinas de los planes


Vienen a decir algunos filósofos que la belleza tiene su fuente en la armonía. El desorden, pues, se asocia con la fealdad. En urbanismo se ha dado en llamar feísmo, fenómeno que incluso está dando motivo a sesudas tesis doctorales. Aunque en varios concellos de la Costa da Morte siguen como si oyesen campanas. Es verdad que hay otros que luchan denodadamente por conseguir su plan general. Aunque le ha llevado más de un decenio y muchas vueltas, en Carballo están en ello. El nuevo ordenamiento está pendiente del visto bueno definitivo de la Xunta. En el consistorio y en la consellería han declarado bien claro que ambas Administraciones no quieren otra cosa que ver la nueva normativa en vigor. Trabajaron incluso en verano. Y fue en pleno mes de agosto cuando el rostro más visible de Terra Galega, el inefable Bello Pallas, que ya en su día lo bajaron del autobús del PP por las luchas del Plan del 2003, el que ha querido resucitar a destiempo algunos flecos de un ordenamiento que salió medio herido de su aprobación y al que el Tribunal Supremo le dio el tiro de gracia. El ahora partido de Pallas ya fue el que inspiró el legendario túnel de Carballo en aras de un aparcamiento subterráneo que el tiempo y la falta de recursos económicos se han encargado de hacer imposible. 

Aun así, no hace mucho que el pleno aprobó por mayoría absoluta, y en contra del gobierno local de turno (BNG), la propuesta de construir el párking debajo de la plaza. En este caso, el ejecutivo, como en la práctica suele ocurrir, hizo oídos sordos o como si oyese tocar campanas. Pero, mira que suerte tuvo el Bloque, en esto llegó un empresario local, como si hubiese encontrado al genio de la lámpara, con un saco de millones para construir el tan deseado en Carballo aparcamiento subterráneo. Si fuese alguna compañía extranjera, o como mínimo, de fuera de la capital de Bergantiños, sería recibida con los brazos abiertos y felicidad colectiva y máquinas a rodar. Y no. Es más, por una extraña coincidencia, el en otro tiempo sumo hacedor y deshacedor del plan, ya muerto, del 2003, resucita una supuesta calle y plaza que, como el ordenamiento de hace una docena de años, yacía sin vida. Es de suponer que esta liorta, que tiene todos los visos de ser lanzada para enredar, tenga cumplida respuesta con la aprobación definitiva del plan carballés que tanto en el Concello como en la Xunta dicen desear.   

En Ponteceso ya tienen PXOM, pero una docena de afectados han recurrido el documento. Al margen de que quien hizo el planeamiento haya podido arrimar ascuas a las sardinas de los suyos, la ordenación de un territorio conlleva unas medidas no siempre populares en unos ámbitos en los que hasta no hace mucho cada uno construía donde mejor podía, entendía y hasta quería. Otro tanto sucede en Coristanco, donde también pudo haber sus ascuas y sus sardinas, pero las leyes son las leyes y eso de levantar casas a las orillas de las carreteras hasta el infinito parece que va a tener fin.  Un plan general debe repartir las cargas y las ventajas entre todos los vecinos por igual. Los beneficios han de ser para todos. Un ordenamiento lo que ha de buscar es poner los marcos necesarios para el bienestar de la población y la felicidad pública. Es norma básica, por ello, que debe salir adelante con el consenso de la mayoría. Otra cosa es que se pueda dar carta blanca a los intereses de una minoría. En Ponteceso serán los jueces quiEnes decidan qué pasará. En Coristanco aún no se sabe.

Hasta que no haya remedio

El transporte público en varios municipios de la Costa da Morte anda como si le hubiesen pinchado las ruedas. Ya va un decenio y un lustro del siglo XXI y en esta materia andamos peor que hace cuarenta años, en plenos rigores de siglo XX, cuando ni siquiera éramos regidos por una monarquía constitucional. En esto hemos andado para atrás. Gente mayor que se ha quedado sin muchas posibilidades de viajar a las consultas médicas, los hospitales, a tramitar asuntos administrativos o, en general, a arreglar cada uno su vida. Corme, Laxe, Coristanco y otros lugares se han quedado poco a poco sin líneas de viaje necesarias. En algún pueblo ni siquiera tienen taxis. Un salto más hacia la despoblación. Si la rentabilidad va seguir siendo el barómetro de los servicios públicos, el futuro es negro. Los servicios públicos no están para ser rentables, sino para cumplir necesidades de la población. La paulatina restricción de las líneas de autobuses contribuye a la ya alarmante desaceleración de la actividad social en la comarca. Ahora, las autoridades locales de Ponteceso, Coristanco y Laxe se mueven acuciadas por el grito de desesperación de algunos usuarios. Sin embargo, en general, los concellos y sus gobernantes llevan tiempo sin preocuparse del proceso, que afecta a toda la Costa da Morte. Hasta que no haya remedio.  

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Muchas ascuas para las sardinas de los planes