Aveces tengo la sensación de ser un ratón en el interior de una rueda, corriendo sin parar, pero sin llegar a ninguna parte. Hace nada era Navidad y ya estamos en el entroido y queda poco para la Semana Santa y en nada llegará el verano y comenzará un nuevo curso y será de nuevo Navidad... Da la sensación de que todo se repite, de que los tiempos se atropellan sin dejarnos pensar, sin que seamos conscientes de que vivimos, de que pensamos, de que nuestro mundo puede depender de nosotros.
Entre la Semana Santa (con sus procesiones) y las vacaciones de verano (con sus visitas a la playa), los vecinos de la Costa da Morte (como los del resto de España) están llamados a las urnas. Tendrán que elegir de nuevo a su alcalde. Para unos los cuatro últimos años habrán pasado como por ensalmo, pero para otros los meses han sido lentos y la esperanza mucha. Unos quieren cambiar y otros que todo permanezca igual.
Los unos u los otros están en la misma rueda, corriendo sin parar y sin pensar. En la vida hay muchos momentos en los que es necesario parar. Detenerse, bajarse y ver la rueda desde fuera. ¡Cuántas cosas pueden verse cuando uno mira de este modo!
Puede parecer que las elecciones municipales también se repiten, como la Navidad, el verano o la Semana Santa, pero lo cierto es que si están ahí es precisamente para lo contrario, para que todo vuelva a comenzar.
Los vecinos de la zona han de tomar, cada uno en su lugar, una importante decisión que debería nacer de la reflexión, del exterior de la rueda. Convendría que fueran pensando en lo que les conviene y empezaran a mirar a quienes les gobierna con los ojos escrutadores de quienes tienen en sus manos el poder, el de elegir.
Y, en nada, llegará mayo, antes de lo que esperamos, aunque algunos tienen la sensación de que será más tarde que pronto y se han puesto a buscar elefantes blancos como si el tiempo se hubiera detenido. Hay que bajarse de la rueda, es cierto, pero convienen no alejarse demasiado. Los días se van volando.