Una Costa da Morte de miedo

Á. P. carballo / la voz

CARBALLO

JOSE MANUEL CASAL

La comarca guarda un puñado de espacios donde disfrutar de lo tétrico

02 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Tratándose de una comarca cuyo nombre tiene ya connotaciones trágicas cabría pensar que es en el litoral de la Costa da Morte donde se hallan los lugares más estremecedores de la zona, pero tierra adentro se esconden también parajes capaces de poner los pelos de punta al más impasible, especialmente en épocas del año como esta, en la que se presta especial atención a la muerte y al más allá.

El ránking extraoficial de lugares tétricos de la zona lo podría encabezar la Casa do Demo, una famosa vivienda situada en la parroquia pontecesana de Anllóns cuyos muros, pese a su anodino aspecto, fueron testigos de un caso de poltersgeist sucedido en el tránsito del siglo XIX al XX y del que tuvo amplio eco -incluso en la prensa- en aquella época. Rehabilitada en fechas recientes, el recuerdo de lo sucedido en la casa es reavivado periódicamente por los amigos del misterio, que se recrean en los extraños sucesos que, cuentan las crónicas, comenzaron a producirse poco después de la muerte del marido de Juliana Rodríguez y que propiciaron que tanto esta como su nieta acabasen por huir de la vivienda cansadas de ver volar las piedras y sus enseres y de sufrir en sus propias carnes las «travesuras» del invitado que da nombre desde entonces a la casa.

En otros casos son las condiciones ambientales y los conocimientos de la historia del lugar los factores que contribuyen a que un lugar pase de ser pintoresco o curioso a tétrico. Es el caso de los restos de la capilla de Sinde, cuya singular fachada va cogiendo tintes tenebrosos a medida que se pone el sol o de los restos de la mina de Varilongo, situada ya en Santa Comba pero muy presente aún en la memoria de algunos vecinos de la comarca y en cuyo recuerdo se entremezclan la guerra y los nazis.

Los cementerios, tanto los que aún existen como los ya desaparecidos, son otro terreno abonado para los miedos atávicos. Así ocurre con el antiguo camposanto carballés, oculto ya por la acción de las máquinas y de la maleza, pero en el que hasta hace no muchos años era posible ver las tumbas abiertas y los huesos en su interior. Otro tanto ocurría en Vimianzo a comienzos de los años 70 cuando el cementerio fue reconvertido en un parque infantil en el que los pequeños que jugaban a buscar tesoros podían hacer estremecedores hallazgos óseos.

lugares para estremecerse