Hay que ver lo a gusto que se queda uno cuando dice la verdad. Desde pequeños nos dicen que saldremos ganando si lo hacemos, pero no terminamos de creerlo e insistimos en el error de ocultar lo cierto.

Cuando hace ya un montón de años a los ganaderos les preguntaron desde la Unión Europea, que entonces era la Comunidad Económica Europea, qué cantidad de leche producían en sus explotaciones casi nadie quiso decir la verdad. Mucha gente ocultó la capacidad de sus reses, o incluso a sus propias vacas. Resultó que cuando vinieron las cuotas todo el mundo se llevó las manos a la cabeza, porque en Bruselas creían que aquí las nodrizas estaban secas como pasas. Y vinieron los problemas.

Somos muy dados a decir menos de lo que tenemos. Que si la casa no es tan grande como parece, que si el terreno es apenas un jardincito, que si en el garaje no cabe más que un coche pequeño... Después vienen los de urbanismo y resulta que tenemos el doble de lo que dijimos. Y vienen los problemas.

Ahora el cerco de Malpica y Camariñas, y el resto de Galicia, protesta porque la cuota de xarda es muy parca. Alegan que es injusto tener en cuenta datos históricos. Es citar este concepto y enseguida salta la alarma. Como un resorte uno empieza, por experiencia, a desconfiar. ¿Harían como los ganaderos y no declararían todo el pescado que pescan? ¿Irían parte de las capturas en un doble fondo y terminarían en mercados desconocidos de una ciudad desconocida? ¿Por qué a algún barco solo le dejan pescar apenas dos o tres toneladas de caballa en todo un año, cuando apenas necesita una semana de lances para obtenerlas?

Quizá los representantes gallegos negociaron mal. Tal vez los que se confundieron están en el Ministerio de Agricultura. El caso es que alguien piensa que la flota puede vivir con tan poco pescado y seguramente llegó a esa conclusión porque antes ya lo había hecho. ¿Será mejor decir la verdad?