ara solis
La Prima embarrancó, tal vez, en uno de los lugares más bellos de Europa. En el cementerio de las olas del Atlántico, que llega exhausto de guerrear contra el granito de bajos y acantilados. La estampa del océano fiero con el cíclope del Vilán al fondo y sus caballos resistiendo los latigazos del mar enfurecido es única. Vilán y Reira tienen la trampa en su hermosura, el escenario perfecto para tanta tragedia como allí ha habido a lo largo de los siglos. Solo unos chales legalizados porque la APLU presentó el recurso fuera de plazo rompen la estampa. Camariñas es estos días la meca del turismo de naufragio, que dicho sea de paso está totalmente desaprovechado en la Costa da Morte. Tantas guerras entre unos y otros y el mayor patrimonio del Fisterra totalmente abandonado. Ni siquiera están señalizados los espacios de las mayores desgracias de la historia. En vez de dar soluciones se pelean por ir o no ir a Fitur. Detrás de tanto ruido sordo no hay otra cosa que interés por las subvenciones que pudieron o puedan caer en el pasado, el presente y el futuro. No obstante todo ello, hay que gente que pone interés y sentido en el bien común. Alguien en el Concello camariñán se ha preocupado de crear una aplicación a través de la realidad aumentada que permite ver los 63 naufragios de su costa en dispositivos móviles, y ello, y ahí está lo importante de la cuestión, sin grandes dispendios económicos como se acostumbra con otros costosísimos proyectos virtuales que financia Europa.
Pero Camariñas está en otra guerra desde hace algún tiempo. La de los muertos. Es muy posible que el alcalde se haya equivocado en emprender la construcción de un tanatorio. Hay múltiples razones que podrían desaconsejar esta iniciativa: competencia privada, coste elevado e, incluso, idoneidad de la ubicación. Podía ser hasta normal que hubiese gente, vecinos, funerarias, concejales, partidos políticos o cooperativas que expresasen su oposición de forma ostensible. Están en su derecho. Incluso acudir al juzgado, como así han hecho. Ahora bien, la historia vivida en Camariñas con el tanatorio quedará para el recuerdo futuro como un hito, como la obra más demandada, denunciada, querellada y recurrida. Hasta el punto de dividir al pueblo y alimentar la inquina entre un bando y otro. Una vez construido, terminado y puesto en servicio no parece tener mucho objeto persistir con las armas en alto y continuar disparando contra un bien público. El velador ya está más que juzgado y sentenciado. El juez ha dicho que no se tira. Si las instalaciones sirven, y parece que sí, han de ser usadas. Es una infraestructura pública en la que se ha invertido una importante cantidad de dinero pagado por todos. Los que pleitean deberían darse por vencidos y convencerse de que el regidor logró salirse con la suya. Y si algo tiene que pagar, habrá elecciones dentro de poco más de un año y será el momento de cobrárselo. Lo razonable ahora es rentabilizarlo y que los muertos puedan ser velados en paz. Lo demás son ganas de lío.