Si la Iglesia cumpliese lo que predica, muchas de las casas rectorales abandonadas en la Costa da Morte estarían cumpliendo en la actualidad un fin social o cultural para la comunidad y no conquistadas por las zarzas y la maleza, en evidente estado de ruina y muy difíciles de recuperar. Muchos de estos inmuebles están levantados gracias al esfuerzo de vecinos que poco tenían para ellos pero hubieron de aportar más de lo que podían para levantar unas construcciones que, en un buen número de casos, fueron el primer centro administrativo de las parroquias durante siglos. El estado actual de la mayoría de estas rectorales no deja de ser consecuencia de un incompresible apego a los bienes temporales por parte de una institución que debería centrarse más en otros ámbitos, como se encarga de proclamar el papa Francisco. Un exagerado celo por la conservación de la propiedad estricta en vez de buscar el uso comunitario llevaron a muchas de estas edificaciones a un abandono que no tiene solución inmediata.