La mina de Corcoesto

Eliseo Calviño Lema

CARBALLO

17 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Llevo mucho tiempo escuchando, leyendo y tolerando en silencio todo ese barullo que a raíz del inicio de las prospecciones para retomar la explotación de las minas de Xavarido-Corcoesto.

Con tal motivo nació una legión de opinadores que, por cierto, nunca supieron qué era eso de Corcoesto o si allí había una mina. Y de repente nos encontramos con una legión de sabedores de estos asuntos: químicos, biólogos, ingenieros de caminos, vulcanólogos y hasta pitonisos. Una manada de alborotadores de lo suyo.

Lo cierto es que están poniendo a Corcoesto en el mapa y, lo nunca visto, creando un regimiento de «fans». Algunas manifestaciones no puedo evitar que me pillen con una sonrisa, como cuando se lamentan que vamos a perder la «riqueza del turismo y la ganadería». De la ganadería, seguramente no juntamos en toda la parroquia 200 vacas; los más inteligentes ya se cansaron hace tiempo de la esclavitud, vendieron sus cuotas y sus animales y se dedican a pasar sus días lo mejor que pueden. Y del turismo... Es probable que algún despistado que se dirigía a Ponteceso, se «despiste» en el camino de Pazos a Leas, y en efecto, en Corcoesto tenga que preguntar en qué lugar se encuentra.

No todo el mundo ha tenido la oportunidad de hacer grandes estudios ni recorrer medio mundo para ilustrarse. De lo que estoy seguro es que los vecinos, entre los que me encuentro, tienen una formación media y un gran sentido común para saber si nos pretenden tomar el pelo o tiene algún contenido toda esa perorata que nos cuentan. En definitiva, convendría que quienes nos gobiernan se decidan por el progreso y orillen las vacilaciones que tanto daño nos hacen.

Bien común

Piensen ustedes, es su obligación, en el bien común y expidan cuanto antes las licencias necesarias, ya que tenemos la suerte de atesorar bajo tierra una gran riqueza que va a crear muchos puestos de trabajo y, paralelamente, una riqueza en un pueblo de zuecos y corredoiras. Siempre, por supuesto, con las máximas garantías de seguridad que, sin duda, salvo para los vociferadores, actualmente están garantizadas. Déjense de inconvenientes poco razonables que den al trasto con un gran proyecto que sumará en su «haber» o en su «debe», en función de la cobardía o la decisión valiente de quienes tienen la capacidad y la obligación de tomar cuanto antes las decisiones precisas que al fin y al postre el último responsable será siempre nuestro querido presidente.

Las coñas marineras déjenlas a los del «no a todo», que a buen seguro no tienen la papeleta en el bolsillo para votar al presidente en las próximas elecciones. A nuestros gobernantes les recuerdo que no están para tomar decisiones a golpe de gritos y con la dependencia del barullo de los de siempre. Es necesario poner a la gente a trabajar y a crear riqueza. Hay que dejar de mirarse el ombligo y lanzarnos al futuro. Si surgen problemas, se resolverán; si no lo intentamos, los problemas nos los creará la necesidad cuando ya sea tarde.

Hay países tan ricos y tan listos como nosotros que están explotando minas no menos peligrosas y creando una cadena de actividades y riqueza en su entorno que redundan en el excelente bienestar de los ciudadanos. Y nadie protesta ni se preocupa de cómo se extrae o se depura el precioso metal; lo que sí les importa es la mejora progresiva en su excelente bienestar.

Aquí en Galicia, y a quién nos queda memoria, recordamos que los mismos intentaron complicar la vida con actos salvajes porque estábamos partiendo el «país» por la mitad, cortándolo «a navalladas». Y los mismos amenazaban del peligro dañino de plantar eucaliptos cuyas raíces se prolongaban con los tentáculos del propio demonio. Hoy ya hace mucho tiempo que este malévolo vicio de plantar eucaliptos vino a ser el sustento y la solución de miles de familias para complementar sus ingresos.

Es urgente que la Xunta, por el bien de esta maltrecha economía y que en el tesoro de la mina tenemos un respiro, tenga la valentía que se merece el pueblo y otorgue cuanto antes las licencias pendientes para ponerse a trabajar, crear riqueza y aportar cuotas muy necesarias a la Seguridad Social.

A mis amigos y vecinos de Corcoesto-Xavarido, que les pueda el orgullo de un pueblo inteligente, que no vengan foráneos de pacotilla e interesados en lo suyo a sembrar cizaña que nada bueno vamos a cosechar de esa exótica semilla. Y si les va a valer mi ejemplo, recordarles que dentro de muy poco tiempo estaré viviendo con toda mi numerosa familia, como bien saben, en el entorno de ese monstruo de la mina y de la que no tenemos la mínima duda que nos va a aportar un bienestar y una excelente convivencia que nos merecemos.