Cuando acabe este caluroso mes de julio la orquesta Panorama habrá pasado por las parroquias de Carnés, Camariñas y Pasarela, al tiempo que la París de Noia tendrá rendida visita a Soandres, Baio y, de nuevo Carnés y Camariñas. En todos los casos con un caché por algo más de tres horas de actuación que daría para comprar un vehículo utilitario de gama media.
Ese dinero, a tocateja, sin compromisos de pago ni facturas a tres meses, sale del bolsillo de las familias de la comarca, de las que pueden permitírselo y de las que no, y sirve para pagar a unos profesionales, de estas y otras muchas orquestas, que, con todo el respecto que merezca su espectáculo, tampoco van a reinventar a Wagner.
Son las fiestas y con el infalible chantaje de «mira canto dou fulano» está todo permitido, incluso en lugares que carecen de saneamiento y que para entrar en ellos es mejor hacerlo con el tractor.
Entre tanto, los creadores que tienen algo nuevo que contar o los grandes músicos, muchas veces bastante más baratos, pasan por la Costa da Morte si vienen de vacaciones.
Lejos de ir a menos, las parroquias incrementan su competencia para ver quien ofrece más veces lo mismo de siempre sin que nadie se para a pensar que, a lo mejor, incluso sin salir del ámbito de la cultura, ese dinero puede estar mejor en otro sitio.