Los desahucios se han convertido en uno de los grandes dramas sociales. Incluso han llevado a la muerte a muchas personas. Familias que pierden su vivienda y quedan atadas por muchos años al pago de una hipoteca, como una pesada losa que han de arrastrar de por vida: quedar sin nada y convertirse en rehén del destino. Y todo abonado por una crisis que no da esperanzas a nadie. En poco tiempo, estas situaciones pasaron a ser una de las principales preocupaciones de la ciudadanía y objeto de furibundos debates y polémicas políticas. Un asunto que ha provocado llantos y ríos de lágrimas y desesperación, al tiempo que ha sacado a las calles a una gran masa dispuesta a dejar patente que los desahucios golpearon duramente en la conciencia social. Pues bien, en Bergantiños se han dado el año pasado 22 lanzamientos y no se ha oído ni el más leve gemido. Los afectados llevaron el sufrimiento en silencio y no han dejado el más mínimo rastro. Bergantiños vive los desahucios como se ha hecho siempre con los contratiempos en el mundo rural, donde solo se llora por la muerte.