Ha coincidido en el tiempo el juicio para depurar responsabilidades con el décimo aniversario, lo que coloca al Prestige en un doble plano de la actualidad. Los alcaldes y exregidores coinciden en que llega tarde. Ramón Varela indica que los que gobernaban entonces no declaran, pero sí lo hace el capitán que «non abandonou o barco», y distingue entre los problemas del buque y la gestión posterior. Antón Carracedo comenta con ironía que «os políticos do Prestige están todos en altos cargos». Para el alcalde de Ponteceso, el juicio llega «moi tarde», y ve culpabilidad en la empresa que fletó el petrolero en las malas condiciones que después se demostraron. Para José Manuel Traba, se trata de un pleito «moi complicado de resolver», entre otros motivos porque, aunque se reconocen los daños estructurales de la nave, la certificadora resultó eximida. López Varela opina que ha pasado demasiado tiempo, y aguarda que sirva de ejemplo para evitar que naveguen estas «chatarras flotantes», actuando sobre ellas. Alberto Blanco afirmó que lo interesante sería poder resarcir a los afectados por los gastos causados, pero, como sus compañeros, lamenta que llegue a destiempo. «O importante é non cometer máis erros, que gaña a sociedade con meter a ninguén no cárcere», dijo.