La Unión Europea emitió un amplio informe en el que expone que Sogama hizo lo mejor que pudo su labor de liberar Galicia de vertederos ilegales y nauseabundos, pero da una buena castaña a los concellos por no hacer sus deberes en la materia y a la Administración autonómica por no haber creado un sistema para tratar todos residuos gallegos. Al principio, se sumaron al plan de la Xunta los ayuntamientos que quisieron y la planta de Cerceda se dimensionó de acuerdo con la demanda del primer momento. Así, en vez de construir unas instalaciones para tratar un millón de toneladas de desperdicios al año, se hicieron otras que apenas gestionan la mitad. Como los vertederos seguían humeando y contaminando a destajo, los alcaldes, quieras que no, fueron sumándose y llevando sus desechos a Morzós. Muy a disgusto de muchos de ellos, que veían en peligro parte de su caudal de votos por tener que cobrar la recogida de la basura. Corrían tiempos en los que hacer política fiscal en los concellos era ciencia ficción. Preferían colocar las farolas que ahora arruinan las arcas municipales a causa de la factura eléctrica. Y así fue siempre, con regidores poco concienciados de que deberían resolver el grave problema medioambiental de la basura, que no es cuestión menor y además es competencia municipal.
La gestión de los residuos sigue siendo una materia sin resolver para los ayuntamientos. El servicio es deficitario y lo que recaudan en los consistorios es insuficiente para pagar el recibo que llega de Cerceda. Si se hiciese caso a la UE, la factura por la gestión de los residuos sólidos asustaría a muchos contribuyentes, que no están libres de que más pronto que tarde tengan que pasar por el aro de pagar lo que de verdad cuesta echar su bolsa en los contenedores. Porque, esa es otra, desde los ayuntamientos no se ha hecho el menor esfuerzo por reducir la cantidad de residuos, reciclar la mayor cantidad posible de los desperdicios o recuperar aquellos que puedan reutilizarse. Como si esta fuese una tarea que se resuelve por arte de birlibirloque.
Cultura cívica. Y si la gestión de los residuos sólidos es una cuestión sin resolver, no digamos los estercoleros que dejan las verbenas. En la Barca, como todos los años, tuvieron que recoger toneladas de basura. Sucede otro tanto en las mil y una fiesta que animan el verano en la Costa da Morte. Los trabajadores de la limpieza han de emplearse a fondo de madrugada para evitar que la ciudadanía vea el lamentable espectáculo de botellas, botes, vasos y bolsas que adornan plazas y campos cada vez que se celebra un acto multitudinario, lo que revela en cierto modo algunas de las causas o síntomas de los problemas de nuestra sociedad. Convenía solucionarlos.
Listas electorales. La Costa da Morte ha ganado peso político en las últimas décadas. Los partidos mantienen en sus listas a buen número de candidatos de la zona con opciones a sentarse en el Pazo de O Hórreo. Se queda fuera Silvia Fraga. Es lo que tiene elegir bando perdedor.