La obra del autor, con raíces vimianceses, está presente en el Thyssen
27 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El arquitecto, historiador y profesor de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) Jorge Otero Pailos (Madrid, 1971) ha dado un giro a la teoría de la conservación de los monumentos y ha convertido el proceso de limpieza de edificios históricos en una intervención artística. Otero Pailos, que tiene un amplio currículo de publicaciones y premios, también fue profesor de la Universidad de Puerto Rico. Este autor, que tiene raíces familiares en Vimianzo, estaba en el 2010 en la lista de los diez jóvenes artistas españoles a seguir. sobre todo a raíz de su obra La ética del polvo: El palacio del Doge, Venecia 2009. Esta novedosa creación fue presentada en la Bienal de Venecia y adquirida por la Fundación Thyssen-Bornemisza Art Contemporary.
-Su obra causó una gran sorpresa y se llevó muchos elogios. ¿En qué consiste?
-La obra presenta unos 150 años de polución originalmente acumulada sobre un muro del Palacio Ducal de Venecia, transferida a una piel de látex. Era el último muro que permanecía sucio, porque está en una parte del edificio que los turistas no ven. El resto se ha limpiado sucesivas veces desde el inicio del turismo en masa, como viene ocurriendo en todo el mundo. Los monumentos me interesan porque contienen los registros más completos de la historia de la polución industrial, y por extensión, de nuestra modernidad. Al limpiarlos se echa a perder una parte importante de nuestra historia. Yo limpio los edificios con mayor precisión guardando la polución que retiro en su configuración original. Lo que pretendo con esta y otras instalaciones es abrir un espacio para entender la polución como algo más que cifras abstractas, como algo tangible: un material industrial, cultural, político, histórico y estético.
-¿Cómo ha convertido un material de limpieza como el látex en arte?
-Eva Hesse, una de mis grandes influencias, fue de las primeras artistas en utilizar el látex, expresando ideas de temporalidad y vulnerabilidad, dentro del marco crítico del feminismo. El látex se aplica de forma líquida, como pintura, y tiene ya una historia dentro del arte. Yo extiendo estos temas empleándolo como material de limpieza, poniendo de relieve sus connotaciones problemáticas de género y de clase. Al mismo tiempo, la conexión con la pintura es importante para entender el vínculo entre el látex y la polución. Ya desde el inicio de la industrialización, y de la producción de las pinturas modernas al plomo y al zinc, arquitectos como el alemán Jakob Hittorff plantearon pintar los monumentos como la mejor manera de protegerlos. El látex es una nueva pintura arquitectónica, más acorde a nuestro entendimiento de la polución. Aunque, una vez seco, me permite transferir la vieja piel de polución a un nuevo soporte, también hace que la polución guarde su relación al monumento limpio, algo que no se había hecho antes.
-Para usted es importante distinguir estética y belleza.
-Para mí, la belleza es un tipo de estética dentro de muchas. El arte contemporáneo está abierto a estéticas que no son bellas. Lo curioso es que el mundo del arte establece el valor relativo de todas estas estéticas en función del mismo baremo: la intención del artista. Este es el caso incluso en el llamado arte de apropiación, desde el famoso orinal de Marcel Duchamp, hasta las revistas de Richard Prince, en el que artistas se apropian del trabajo de otros y lo transforman en arte gracias al poder cuasi-mágico de su intención. Yo intento basar el contenido creativo de mi trabajo en algo distinto que mi intención. Busco una creatividad no-intencional.
-¿Qué es la creatividad no-intencional?
-El término indica la dificultad a la que se enfrenta cualquier intento de hablar de creatividad en otros términos que no sea la intencionalidad. Se refiere a la creatividad inherente en objetos que han sido co-producidos gracias al trabajo de muchas personas durante varias generaciones. Cosas que han sido co-producidas por gente que no se conoce y ni siquiera ha vivido en la misma época. El ejemplo paradigmático de creatividad no-intencional es la polución, algo en lo que venimos colaborando como civilización desde el comienzo de la industrialización. Aunque no es el producto de ninguna intención estética, la polución ha cambiado la estética de nuestros edificios y ciudades.
«Al limpiar los monumentos se tira una parte importante de nuestra historia»
«El arte contemporáneo está abierto a estéticas no bellas»