Al margen de los que presiden los edificios consistoriales, muchos otros relojes en la Costa da Morte encierran curiosidades. Algunos funcionan únicamente con el sol. Son los más antiguos, como los que hay en las iglesias de Cores (Ponteceso), Santa María Magdalena de Montemaior (A Laracha) y Bamiro (Vimianzo) o el que preside la entrada del pazo de Gontade en Ardaña (Carballo). Los hay especialmente sonoros, como el instalado en el 2007 en la capilla del barrio carballés de San Cristovo, cuyas señales horarias se escuchan casi en cualquier rincón de la capital de Bergantiños; hay ejemplares casi únicos, como el de la vieja estación de tren de Meirama (Cerceda), e incluso los hay tan fuera del lugar como el del monolito ubicado junto a la piscina de Vimianzo. Pero, aunque la lucha entre los poderes religioso y civil tiene mucho que ver con la colocación de relojes en fachadas de iglesias y edificios públicos, también la emigración puso su grano de arena, como reflejan la propia casa consistorial de Ponteceso y la escuela de Pasarela (Vimianzo).